A las nueve de la noche, la calle Maricopa se llena de risas y el aroma de carne asada que se escapa del pequeño ventanal de Los de Arriba. Un grupo de jóvenes, una pareja de abuelos y el camarero que siempre lleva una sonrisa se mezclan mientras el sonido de una guitarra cubana se cuela entre las mesas. El humo de la parrilla se vuelve una nube cálida que envuelve el bar y, de pronto, el día parece haber terminado y la fiesta empieza.
El local nació como un bar de música en vivo, pero pronto los dueños descubrieron que los tacos al pastor que servían como botana se robaban el protagonismo. Hoy, el taco al pastor es la estrella: carne tierna, adobada con achiote, piña caramelizada y cebolla crujiente, todo envuelto en una tortilla recién hecha. Cuesta alrededor de 120 pesos y se acompaña de salsa de chile de árbol que pica justo lo necesario. Los visitantes repiten la visita por esa combinación perfecta de sabor y precio, y porque el ambiente siempre está cargado de energía.
“Los tacos son una explosión de sabor, la piña le da el toque justo”. Otro cliente, Luis, comenta: “Vine por la música y me quedé por los tacos; la carne se deshace en la boca”. Una tercera opinión, de Carla, señala: “El servicio es rápido y el camarero siempre recomienda la salsa verde, que es una delicia”. Estas voces reflejan lo que la gente busca: comida honesta, ambiente relajado y una dosis de humor en los fines de semana.
Los de Arriba abre de miércoles a sábado de 8 pm a 1 am, y el viernes la sala se llena de comediantes locales que suben al pequeño escenario detrás de la barra. La combinación de stand‑up y tacos crea una experiencia que trasciende la cena; es un punto de encuentro donde la conversación fluye entre bocados y chistes. El interior es sencillo, con mesas de madera y una atmósfera acogedora.
Al cerrar la noche, el sonido de la última canción se mezcla con el murmullo de los clientes satisfechos. El olor a carne todavía persiste en el aire mientras la calle se vuelve más tranquila. Salir de Los de Arriba con la sensación de haber probado algo auténtico y haber reído un buen rato es el cierre perfecto para una velada que, sin duda, seguirá atrayendo a los amantes de los tacos y del buen humor.






