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a restaurant filled with lots of tables and chairsDestacado

Una noche con sabor venezolano en Ocho Tres Cinco

En el bullicio de la Noche de Mixcoac, Ocho Tres Cinco sirve aromas que invitan a quedarse hasta el último trago.

A las ocho de la noche, el barrio de Mixcoac vibra con el sonido de conversaciones que se entrelazan con el tintineo de vasos. Dentro de Ocho Tres Cinco, la barra de cobre destila el perfume dulzón de la maracuyá mientras el bartender prepara un cóctel que parece una explosión de colores. La luz tenue y el murmullo de la calle crean un escenario íntimo; la gente se apoya en la barra, algunos con teléfonos, otros con la mirada perdida en la ventana que da a Av. Revolución.

El plato que realmente define al lugar es la empanada de carne, una masa crujiente que encierra un relleno jugoso de steak meat, sazonado con especias que recuerdan a la cocina venezolana tradicional. Cada bocado combina la textura crocante con el interior tierno, y el precio se sitúa dentro del rango de MX$100–200, lo que la hace accesible para una cena informal. Los “patacones” aparecen como acompañamiento, dorados a la perfección, y un cliente escribe: “Los patacones son crujientes y el mejor acompañamiento”. Otro reseñó los “mandocas” diciendo: “Los mandocas me transportan a mi infancia en Caracas”. Un tercer comentario menciona el “frog water” con sorpresa: “El frog water tiene un toque ácido que equilibra la grasa del burger”.

Ocho Tres Cinco abrió sus puertas los miércoles a la una de la tarde y permanece hasta las diez, cerrando los lunes y martes. El local, ubicado en Av. Revolución 835, Local A, combina la estética de un puesto callejero con la comodidad de una mesa interior. El menú, disponible en agilpedido.com, destaca por su variedad de platos venezolanos rápidos, como la hallaca y los premium burgers, que se sirven en porciones generosas sin perder la calidad. La historia del restaurante surge de la pasión de sus fundadores por llevar la comida de su tierra natal a la Ciudad de México, creando un punto de encuentro para expatriados y curiosos locales.

Al cerrar la noche, la barra sigue llena de risas y el último cóctel de maracuyá se sirve con una rodaja de lima. El aroma del café recién hecho se mezcla con el recuerdo de la empanada que aún se percibe en el aire. Salir del local a la madrugada, con la calle mojada por una ligera llovizna, deja una sensación de haber descubierto un rincón auténtico donde la comida y la cultura se funden en cada sorbo y bocado.

Si buscas una experiencia que combine sabores latinos con la energía nocturna de la CDMX, Ocho Tres Cinco es la parada obligada. Cada visita revela un detalle nuevo: el sonido del shaker, la sonrisa del bartender, el crujido de los patacones. Es un lugar donde el tiempo se dilata, y la noche se vuelve más sabrosa.

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