A las siete de la mañana, el sol apenas se asoma sobre la avenida del Roble y el bullicio de la zona Santa Bárbara aún es tenue. En la terraza de Nectarworks + Arboleda, una fila de clientes con laptops y tazas de jugo de naranja se extiende bajo una sombrilla de tela verde. El perfume de tostada de aguacate, con su pan crujiente y la crema de aguacate untada generosamente, se mezcla con el leve aroma a hierbas de los smoothies que el barista prepara al ritmo de una canción de cumbia en el fondo. Yo llego con el apetito de quien ha recorrido la ciudad en bicicleta y me siento en una mesa junto a la ventana, justo cuando el camarero coloca un plato de chilaquiles rojos con huevo estrellado frente a mí.
Los chilaquiles de Nectarworks son la razón por la que muchos clientes vuelven. Servidos en una cazuela de barro, los totopos crujientes se bañan en una salsa de tomate asado, ligeramente picante, y se coronan con queso fresco desmenuzado, crema y cilantro. El huevo, cocido a la perfección, se desliza sobre la superficie y al romperse libera una yema dorada que se mezcla con la salsa, creando una textura que es a la vez crujiente y cremosa. Un cliente escribe: “Los chilaquiles son una explosión de sabor, el toque de cilantro me recuerda a mi infancia”. Otro reseñista comenta: “El jugo de maracuyá es el mejor acompañante, fresco y sin exceso de azúcar”. Una tercera reseña dice: “El ambiente es relajado, pero el servicio es rápido, ideal para el brunch del fin de semana”.
Más allá de los chilaquiles, el menú ofrece opciones que combinan salud y placer. El avocado toast, a $120, llega con rebanadas de pan integral, puré de aguacate, rábanos en láminas finas y una pizca de semillas de chía; la combinación de cremoso y crujiente despierta los sentidos. Las enchiladas de pollo, servidas con salsa verde y guarnición de frijoles, cuestan $150 y son elogiadas por su equilibrio entre picante y suavidad. En la barra, los smoothies de frutas tropicales, como la mezcla de mango, piña y espinaca, se venden entre $80 y $110 y se presentan en vasos de vidrio con una ramita de menta que perfuma el aire. La variedad de precios, que va de $80 a $200, sitúa al restaurante en la franja media‑alta, pero la calidad justifica cada peso.
Al caer la tarde, la terraza se llena de conversaciones en español e inglés, mientras la luz dorada del atardecer baña las mesas. El sonido de las campanas de la cocina se vuelve un telón de fondo constante, recordándote que la cocina sigue trabajando. Cuando el último cliente termina su postre de fruta de la estación, el personal recoge los platos con una sonrisa y una frase de “¡Gracias, vuelva pronto!”. Salgo del lugar con la sensación de haber encontrado un espacio donde la comida saludable no sacrifica el placer, y donde cada detalle, desde la presentación del plato hasta la atención del personal, crea una experiencia que invita a regresar.
Nectarworks + Arboleda no es solo un restaurante; es un punto de encuentro para quienes buscan desayunos contundentes y almuerzos ligeros sin perder la esencia de la cocina mexicana contemporánea. Cada visita revela algo nuevo: una nueva combinación de jugo, una variación del toast o una charla casual con el chef que a veces se asoma al comedor para preguntar por la opinión de los comensales. Si buscas un lugar donde el aroma te guíe, el sabor te sorprenda y la gente te haga sentir como en casa, este es el sitio al que deberías dirigirte la próxima vez que pasees por Av. del Roble.
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