A las ocho de la noche, el letrero de neón de Los de Arriba ya parpadea sobre la calle Maricopa. Dentro, el aroma a madera quemada y a café recién hecho se mezcla con el sonido distante de una trompeta que anuncia el inicio del concierto. Un par de parejas se acomodan en los taburetes de bar mientras el camarero, con una sonrisa rápida, sirve los primeros tragos del día. La luz tenue, los cuadros bohemios y el murmullo de la gente crean una atmósfera que invita a quedarse.
El local abre sus puertas solo los miércoles, jueves, viernes y sábados, de 8 pm a 1 am, y se ha convertido en el punto de encuentro para los amantes del stand‑up y la música cubana. En el menú, que se consulta a través de un enlace digital, destacan los cócteles de ron con un toque de pasas, una combinación que varios visitantes describen como "pronto y refrescante". Los precios se sitúan en la categoría $$, lo que lo coloca en un rango medio para la zona de Benito Juárez.
Los clientes habituales hablan de la vibra del lugar como algo difícil de encontrar en otro sitio. "Me encanta la visión del bar, siempre hay algo nuevo que descubrir", escribe una reseña reciente. Otro comenta: "Los tragos son ideales para acompañar una noche de comedia, el ambiente Bohemio le da su sello". Una tercera opinión señala: "El elevador de sonido está perfecto, la música cubana suena como en una terraza de La Habana". Estas citas revelan que la experiencia no se limita a la bebida, sino que incluye la interacción con los artistas que suben al pequeño escenario cada noche.
El fondo de la historia del bar es tan interesante como su programa. Fundado por un grupo de músicos que querían un espacio donde tocar sin restricciones, Los de Arriba comenzó como una sala de ensayo y se transformó en un bar con tickets para shows de comedia. La zona de Nápoles, conocida por sus calles arboladas y su vida nocturna, aporta al local una energía urbana que se siente en cada esquina. Los visitantes llegan después del trabajo, a veces a las 10 pm, y se quedan hasta la madrugada, compartiendo risas y brindando con los cócteles de la casa.
Al cerrar la noche, el sonido de la última canción se desvanece y las luces se atenúan. El camarero recoge los vasos mientras el público, satisfecho, se dirige a la salida. Salir de Los de Arriba a las 12 am, bajo la brisa de la ciudad, deja una sensación de haber sido parte de algo auténtico, una mezcla de música, humor y camaradería que invita a volver. Cada visita revela un nuevo detalle, una nueva canción, una nueva anécdota que se suma a la historia del lugar.






