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Fachada de Doña Vero en la Roma Sur, con su letrero colorido y clientes entrando al amanecerDestacado

Una mañana con chapulines y pulque en Doña Vero

Descubro el bullicio matutino de Doña Vero, donde el aroma a tlayuda y el sonido de vasos de pulque crean una experiencia única en la Roma Sur.

A las siete de la mañana, la calle Eje Vial 2 poniente vibra con el claxon de los taxis y el murmullo de los vecinos que pasan al pasar. Dentro de Doña Vero, el olor a masa recién horneada y a chile en nogada se mezcla con el perfume ácido del pulque recién tirado. Una fila de locales con cafés en mano se extiende frente al mostrador mientras el chef sirve la tlayuda de carne de jabalí, crujiente y cargada de salsa de chapulines en crema. El primer bocado golpea con la tierra del maíz, la grasa del cerdo salvaje y el picor justo de los chapulines, una combinación que hace que la gente susurre "¡Esto sí es México!".

Tlayuda de carne de jabalí con chapulines en crema en una tabla de madera, servida en Doña Vero

El lugar nació en 2015 cuando la familia Vero decidió mezclar la tradición oaxaqueña con la energía urbana de la Roma. En la pared de ladrillo se exhiben fotos de la primera apertura y, a un lado, una botella de pulque artesanal que los clientes pueden compartir. Los visitantes habituales hablan de la "cultura del compartir"; una reseña dice: "El pulque aquí sabe a historia, y la tlayuda me recuerda a los domingos en la casa de mi abuela". Otro comenta: "Los chapulines en crema son una explosión de sabor, nunca pensé que me enamoraría de un insecto". Un tercer cliente escribe: "El ambiente es ruidoso pero acogedor, y el servicio siempre rápido, incluso cuando llegan los 200 clientes del mediodía".

Interior de Doña Vero: barra de pulque, mesas de madera y clientes charlando

El menú, disponible en donavero.mx, mantiene precios entre 100 y 200 pesos, lo que permite probar varios platos sin vaciar la cartera. La tlayuda de jabalí cuesta 180 pesos, la quesadilla de chicharrón de cerdo 120 pesos, y el pulque artesanal 90 pesos por vaso. Cada plato llega con una presentación sencilla: la tlayuda servida tal cual, lista para disfrutarse al instante. La textura crujiente de la base contrasta con la suavidad de la crema de chapulines, creando una experiencia que se queda en la memoria.

A medida que el sol sube y la ciudad se vuelve más calurosa, la terraza se llena de gente que busca una pausa del tráfico. Los meseros, con sonrisas amplias, recomiendan probar el pulque de guayaba, una opción dulce que equilibra el picante de los tacos de cochinita. La música de fondo, una mezcla de cumbia y rock indie, mantiene el ritmo sin opacar la conversación. Cuando el reloj marca las tres de la tarde, el local ya está listo para la segunda ronda: tacos de pescado al estilo Baja y una tabla de quesos locales, todo acompañado de cerveza artesanal de la casa.

Al final del día, al salir bajo la luz de la calle, el recuerdo de Doña Vero se vuelve más que una comida; es el eco de risas, el crujido de la tlayuda y el sabor persistente del pulque. Volveré, no solo por la comida, sino por la sensación de pertenecer a una comunidad que celebra la tradición con un toque contemporáneo. Cada visita me recuerda que la mejor forma de conocer la ciudad es a través de sus sabores, y Doña Vero ofrece una de esas historias que se cuentan una y otra vez, con el mismo apetito de siempre.

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Doña Vero

star4.5

Establecimiento agradable, con decoración colorida y terraza cubierta, en el que se ofrece comida tradicional.

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