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Un día en Tres Cuartos, la casa del steak en Cuajimalpa

Entre el aroma a carne asada y el bullicio de la calle, Tres Cuartos se convierte en mi refugio para tacos, ribeye y empanadas en cualquier hora del día.

A las siete de la mañana el sol apenas roza la avenida José María Castorena y el local de Tres Cuartos ya vibra con el sonido de la campana que anuncia la apertura. Un par de clientes habituales, una pareja de ciclistas y yo, nos acomodamos en la barra de madera mientras el chef enciende la parrilla. El aire huele a grasa caramelizada y a pan tostado, una mezcla que promete una mañana llena de sabor.

Cuando el menú abre sus puertas, mi mirada se dirige al rack de carnes: el ribeye de $350 y el hanger steak de $300 aparecen como protagonistas. Pero el verdadero corazón del lugar son los tacos al pastor, servidos en tortillas recién hechas y acompañados de piña y salsa verde, cada uno cuesta $120. Las empanadas de carne, crujientes por fuera y jugosas por dentro, llegan a la mesa por $80 y se convierten en la excusa perfecta para seguir charlando. Un cliente en una reseña escribió: “Los tacos son una explosión de sabor, la carne está perfectamente sazonada”. Otro comentó: “El ribeye se derrite en la boca, la cocción es impecable”. Una tercera voz añadió: “El ambiente es relajado, pero la atención es rápida y amable”.

El interior combina luces cálidas con mesas de hierro, y las paredes están adornadas con fotos antiguas del barrio. A la 1 p.m., la calle se llena de oficinistas que buscan una pausa; el ritmo se acelera, pero el servicio mantiene la calma. En la terraza, bajo la sombra de una pérgola, el sonido de los cubiertos se mezcla con conversaciones en español e inglés. Los comensales regresan por la noche, atraídos por la promesa de una parrilla que nunca decepciona y por la variedad de platos que van desde los clásicos tacos hasta el sofisticado ribeye.

Al cerrar a las 8:30 p.m., el local se vacía lentamente. Yo me quedo un momento más, observando cómo la luz tenue se refleja en los cristales y escuchando el último chisporroteo de la parrilla. La experiencia en Tres Cuartos no es solo comer, es compartir momentos alrededor de una mesa, sentir el calor de la carne y escuchar las risas que llenan el espacio. Cada visita revela una capa nueva: la dedicación del chef, la fidelidad de los clientes y el latido constante de Cuajimalpa. Salgo con la sensación de haber encontrado un punto de encuentro donde la comida y la gente se encuentran sin artificios.

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