Era una tarde de viernes, alrededor de las 7 PM, y el murmullo de la calle Lomas de Chapultepec se mezclaba con el perfume del zatar que salía de la cocina de Hotaru Lomas. La terraza estaba llena de grupos de amigos que reían, el sonido de vasos de té de menta chocando y el chisporroteo de la parrilla al fondo. Sentí el calor del sol poniente sobre mi espalda mientras el camarero me entregaba una tabla de mezze: hummus cremoso, tabulé fresco y una porción de falafel dorado que crujía al primer mordisco.
El plato estrella, el shawarma de cordero, llega en una pita tibia por MXN 650. La carne, tierna y jugosa, se corta en tiras finas que se enredan con una salsa de yogur y ajo. Cada bocado combina la dulzura del cordero con la acidez del limón, mientras el pan absorbe el jugo, creando una explosión de sabores que me recuerda a los mercados de Beirut. Un cliente escribió en su reseña: "El shawarma es una obra de arte, el cordero se deshace en la boca y el toque de menta lo eleva". Otro comentó: "El ambiente es relajado, pero la comida es digna de una celebración". Un tercer visitante añadió: "Los precios son justos, me encantó la porción de kibbeh por MXN 120, crujiente por fuera y suave por dentro".
Hotaru Lomas abrió sus puertas en 2015, fundado por una familia libanesa que quería compartir su herencia culinaria con la Ciudad de México. El ambiente refleja la estética de los zocos, con colores y texturas que evocan esa tradición. La atención es cálida; el dueño suele pasar por las mesas preguntando por la experiencia. Los visitantes habituales vuelven por el fattoush, una ensalada de lechuga, tomate y pan pita tostado, que cuesta MXN 180 y se sirve con una vinagreta de granada que le da un toque ácido.
Durante el almuerzo, la fila se alarga y el ritmo se acelera, pero el servicio mantiene la calma. A las 12 PM, el aroma del café árabe recién molido llena el local, y el sonido de la música suave de oud crea una atmósfera íntima. Un crítico gastronómico señaló: "Hotaru Lomas logra equilibrar tradición y modernidad, ofreciendo platos auténticos sin perder la frescura que busca el comensal mexicano". La combinación de precios entre MXN 600‑700 y la calidad de los ingredientes hace que la experiencia sea accesible para muchos.
Al cerrar, alrededor de las 10 PM, la terraza se vuelve más tranquila. El último cliente pide una porción de baklava por MXN 90, con capas de masa filo y nueces bañadas en miel. Mientras saboreo el dulce, recuerdo la primera visita y cómo el sonido del pan horneándose me hizo sentir como en casa. Hotaru Lomas no es solo un restaurante; es un punto de encuentro donde la cultura libanesa se mezcla con la energía de la Ciudad de México, ofreciendo una ventana al Levante en cada plato.






