A las ocho de la noche, el letrero de neón de Los de Arriba ya ilumina la calle Maricopa. Dentro, el aroma a madera quemada y a cerveza fría se mezcla con el murmullo de la gente que llega después del trabajo. Un grupo de amigos ocupa la barra, mientras en la esquina una guitarra comienza a rasguear acordes de son cubano. El sonido se expande, y el lugar vibra con una energía que invita a quedarse.
Los de Arriba abrió sus puertas en 2015, fundado por un argentino que quería traer un pedazo de su tierra a la Ciudad de México. El espacio, de estilo bohemio, conserva una escalera de metal que algunos clientes describen como "el elevador de los recuerdos". Los viernes y sábados, la programación incluye stand‑up comedy y bandas locales, lo que convierte cada visita en una experiencia distinta. La carta, aunque sencilla, destaca por sus tragos preparados al momento; el Fernet con coca, servido en un vaso bajo, es mencionado frecuentemente por los comensales.
Una reseña de Ana comenta: "Llegué por el sonido del piano y me quedé por la risa del comediante; los tragos son perfectos y el ambiente te hace sentir en casa". Otro cliente, Luis, escribe: "El personal es rápido, la música en vivo es de calidad y siempre hay una sorpresa en el menú". Finalmente, Marta señala: "Me encanta que los viernes haya una mezcla de son cubano y rock; el ambiente es ideal para desconectar después de la oficina". Estas voces revelan que la gente vuelve por la combinación de buen sonido, humor y un servicio sin prisas.
El interior combina mesas de madera con luces cálidas que crean sombras suaves sobre las paredes decoradas con arte local. En la barra, el barman prepara los cócteles con una precisión que recuerda a un ritual; el sonido del shaker se mezcla con las risas de la audiencia. Fuera, la fachada de Los de Arriba muestra una marquesina roja que invita a pasar, y la calle Nápoles, con sus cafés y boutiques, complementa la escena nocturna.
Al cerrar la noche, alrededor de la 1 am, el local se vacía lentamente. Los últimos clientes se despiden con un brindis y la promesa de volver el próximo viernes. El eco de la guitarra se desvanece, pero el recuerdo de la velada permanece, como una foto que se guarda en la mente. Los de Arriba no es solo un bar; es un punto de encuentro donde la música, la risa y los tragos crean una atmósfera que se siente auténtica y cercana.






