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Fachada de Ke Gordito en Acanceh 573, con su letrero colorido y clientes entrandoDestacado

Una tarde de gorditos y batidos en Ke Gordito

Entre risas y el aroma a chamoy, Ke Gordito se convierte en el punto de encuentro de los amantes del fast‑food en la Pedregal.

Son las 3 de la tarde y el sol se cuela por las ventanas de Ke Gordito, ubicado en Acanceh 573. Un grupo de niños corre hacia la zona de juegos mientras los padres se alinean frente al mostrador, esperando el famoso gordito de chicharrón. El aire se llena de una mezcla de salsa de tamarindo, aceite caliente y el dulzor de los batidos de fresa, una combinación que ya anuncia la fiesta de sabores.

Al acercarme, la cajera me recibe con una sonrisa que parece decir: "¡aquí se sirve felicidad en cada mordida!" El menú, impreso en papel reciclado, destaca el gordito de chicharrón a MX$45, acompañado de una porción de papas fritas crujientes y una salsa de chamoy que deja una sensación agridulce en la lengua. Pido también el batido de mango, que llega con una espuma ligera y trocitos de fruta fresca. Cada sorbo es cremoso, con la fruta real brillando bajo la luz del local.

Los clientes habituales hablan sin parar. "Los smoothies son los más cremosos que he probado", comenta Ana, mientras revisa su teléfono. Otro cliente, Carlos, señala: "El personal es súper amable, siempre me hacen sentir como en casa". Incluso una familia que vino con sus hijos dice: "Los juegos son perfectos para que los niños se diviertan mientras esperamos". Estas voces se entremezclan con el sonido de la licuadora y el chisporroteo de la freidora, creando una atmósfera que es a la vez caótica y acogedora.

Detrás del mostrador, el dueño, un joven emprendedor llamado Luis, comparte que abrió la sucursal hace dos años después de ver la demanda de comida rápida con un toque mexicano. "Quería un lugar donde la gente pudiera disfrutar de un gordito bien cargado y, al mismo tiempo, encontrar un espacio para relajarse", explica mientras muestra el área de juegos recién pintada. La expansión reciente incluye una zona de postres donde los churros se sirven con azúcar y canela, y una selección de ramen que ha sorprendido a los visitantes más curiosos.

Al caer la noche, el local se vuelve más íntimo. Las luces amarillas se atenúan y el aroma a chamoy se vuelve más intenso. Los últimos clientes se despiden con una porción de gordito y un batido de fresa, mientras el personal limpia las mesas con rapidez. Salgo del lugar con la sensación de haber vivido una pequeña celebración cotidiana, una que combina sabores tradicionales con la energía vibrante de la Pedregal.

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