A las 8 AM la calle de Álvaro Obregón vibra con el sonido de bicicletas y el crujir de bolsas de papel. Dentro, el aire se llena de perfume a pitahaya y mango, y una fila de clientes se apoya en la barra mientras el exprimidor chisporrotea. Una pareja de estudiantes revisa sus laptops, una madre con su hija pequeña señala el menú y el barista sirve un vaso verde que destella bajo la luz natural.
La Pitahaya Vegana abrió sus puertas en 2019 como respuesta a la creciente demanda de opciones sin ingredientes de origen animal. Los fundadores, dos chefs apasionados por la cocina vegana, decidieron combinar la tradición de los jugos callejeros con la frescura de los superalimentos. Cada día el local se llena de gente que busca una alternativa saludable sin sacrificar sabor.
El plato estrella es el Açaí bowl de pitahaya, vendido a MXN 85. El bowl llega en un cuenco de madera, cubierto con puré de pitahaya que tiñe todo de un rosa intenso, granola crujiente, trozos de plátano, semillas de chía y un chorrito de miel de agave. Al probarlo, la acidez de la fruta se mezcla con la suavidad del açaí, mientras la granola aporta un contraste crujiente que hace que cada cucharada sea una pequeña explosión de texturas.
Los clientes vuelven por el jugo verde de espinaca y piña (MXN 70), que según Ana L. “es como una bocanada de aire fresco en medio del tráfico”. Otro favorito es el smoothie de mango y chía (MXN 75); Carlos M. comenta que “el mango está perfectamente maduro y la chía le da una consistencia cremosa sin ser pesada”. Incluso los que no son veganos admiten que la calidad de los ingredientes los convence a regresar.
Al caer la tarde, el local se vuelve más tranquilo, pero el aroma sigue allí, recordando a los que se fueron que hay un lugar donde la fruta se celebra en cada vaso y cada bowl. Salir de La Pitahaya Vegana después de un jugo es como llevarse un pequeño trozo de la ciudad en la mano, listo para seguir el día con energía.






