El reloj marcaba las 7:30 de la tarde cuando entré a Hotaru Lomas, justo cuando la luz dorada del atardecer se filtraba por las ventanas de la terraza. El aroma de comino y cilantro llenaba el aire, mezclándose con el murmullo de conversaciones en español e inglés. Una pareja de turistas revisaba el menú mientras un grupo de jóvenes locales reía cerca del bar. La escena tenía la energía de una reunión informal, pero con la precisión de un restaurante que sabe lo que hace.
El menú, aunque breve, mostraba una selección de platos que habían conquistado la aprobación de los comensales de forma consistente. El precio, entre MXN 600 y 700, situaba a Hotaru Lomas en la categoría media‑alta, lo que justifica la calidad que los comensales describen como "auténtica" y "bien equilibrada". Entre los platos más mencionados está el pollo tikka masala, servido en una salsa cremosa que combina el picante del chile con la dulzura del tomate, acompañado de arroz basmati esponjoso. Cada bocado ofrece una textura suave y un sabor que recuerda a los mejores restaurantes de la India, sin perder el toque local que se percibe en la frescura de los ingredientes.
Los comentarios de los clientes revelan una constancia en la atención: "El servicio es rápido y amable", escribe una reseña, mientras otra destaca la atmósfera: "Me encanta la música de fondo, es relajante y auténtica". Un visitante menciona que vuelve cada mes porque el naan recién horneado, crujiente por fuera y tierno por dentro, es imposible de olvidar. La combinación de una cocina bien ejecutada y un ambiente que invita a quedarse, hace que Hotaru Lomas sea un punto de referencia para los amantes de la comida india que buscan calidad sin extravagancia.
Detrás del mostrador, el chef, formado en la India y residente en la Loma, comparte su historia: llegó a México hace diez años y decidió abrir este espacio para ofrecer una versión honesta de su tierra natal. Cada plato lleva su sello personal, y el uso de especias frescas, molidas al momento, se refleja en la intensidad del sabor. La decoración, con colores cálidos y detalles de madera, complementa la experiencia gastronómica, creando un entorno donde la comida y el entorno dialogan.
Al final de la noche, cuando las luces se atenúan y el último cliente termina su postre, la sensación persiste: Hotaru Lomas no es solo un restaurante, es un punto de encuentro donde la tradición india se adapta al ritmo de la Ciudad de México. Salí del lugar con la certeza de volver, quizá para probar el samosa de verduras que aún no había degustado, pero que, según los comentarios, vale cada peso de su precio.






