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Fachada de Casa Licha Pozole en Justo Sierra, con el letrero rojo y clientes alineados en la mañanaDestacado

Un domingo con pozole en Casa Licha

A las ocho de la mañana, el aroma del pozole rojo llena la calle Justo Sierra y los vecinos se alinean para compartir tradición y sabor.

A las ocho de la mañana, la calle Justo Sierra vibra con el sonido de los pasos apresurados y el murmullo de conversaciones que se entremezclan con el vapor que escapa del gran caldero de Casa Licha Pozole. El olor a maíz, carne de cerdo y chile rojo se cuela entre los portones de hierro y la luz del sol recién nacida pinta de oro los azulejos del frente. Un grupo de clientes habituales, con bolsas de mercado y mochilas, se agarra a la barra de madera mientras la cocinera, Licha, sirve con una cuchara de hierro fundido.

Tazón de pozole rojo humeante con rábanos, lechuga y limón en la mesa de Casa Licha

Casa Licha nació como un puesto familiar en el barrio de Iztapalapa, y hoy se ha convertido en un punto de referencia para los amantes del pozole de Guerrero. La historia cuenta que Licha aprendió la receta de su abuela y la adaptó a los ingredientes que encontró en los mercados locales. Los fines de semana, la fila se extiende hasta la esquina y el ambiente se vuelve una mezcla de risas, música de cumbia y el crujido de las chalupas recién fritas. El menú, aunque limitado, se concentra en lo esencial: pozole rojo, chalupas, mixiote y un chilate que los clientes describen como “un abrazo caliente”.

Interior de Casa Licha Pozole: mesas de madera, barra de hierro y menú en pizarra

El plato estrella es el pozole rojo, servido en un tazón de barro que conserva el calor durante horas. Cada cucharada lleva granos de maíz nixtamalizado que explotan en la boca, seguidos por trozos tiernos de carne de cerdo que se deshacen al contacto con la lengua. El caldo, rojo profundo, combina el picor del chile ancho con la dulzura sutil del cacao, creando un equilibrio que despierta los sentidos. Sobre el caldo, se esparcen rábanos en juliana, lechuga fresca, orégano y unas gotas de limón que añaden frescura. El precio ronda los MX$150, lo que lo sitúa en la gama media pero lo hace accesible para una comida familiar. Al lado, una porción de chalupas pequeñas, crujientes y rellenas de pollo deshebrado, ofrece contraste de textura.

Los comentarios de los comensales refuerzan la reputación del lugar. "El pozole es auténtico, como el de mi infancia", escribe María G. según los comentarios de los clientes. Otro cliente, Carlos R., menciona: "Las chalupas son pequeñas pero sabrosas, perfectas para acompañar una cerveza fría”. Una tercera opinión, de Laura P., destaca: "El ambiente es familiar, siempre hay una charla animada y la atención es rápida”. Estas voces revelan que la gente vuelve no solo por la comida, sino por la sensación de comunidad que se respira en cada visita.

Al cerrar la mañana, la fila se disuelve y el sol se eleva sobre la fachada de Casa Licha. El último tazón de pozole se sirve a un turista que lleva una cámara colgando del cuello, y la cocinera le entrega una porción de mixiote con una sonrisa. El sabor persiste en la garganta, y el recuerdo del aroma de maíz y chile acompaña al visitante mientras se aleja. Esa escena, repetida cada domingo, convierte a Casa Licha en más que un restaurante: es un punto de encuentro donde la tradición se sirve en cada cucharada.

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Casa Licha Pozole

star4.5

Restaurante familiar de larga data conocido por servir grandes tazones de sopa casera, chalupas y mole.

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