A las ocho de la noche, el sonido de la calle Lomas de Chapultepec se mezcla con el crujido de la freidora de Hotaru Lomas. La luz amarilla de la lámpara de neón ilumina la barra donde el camarero sirve una bandeja de alitas humeantes. El olor a especias y mantequilla se cuela entre los pasos de los transeúntes y el murmullo de conversaciones se vuelve un fondo constante.
Yo llego justo a tiempo para ver cómo la cocina abre su ventana al comedor y el chef, con una sonrisa, coloca una pila de alitas sobre una tabla de madera. El plato estrella, "Alitas estilo Hotaru", llega a la mesa por MXN 650. Cada pieza está dorada, la piel crujiente y el interior jugoso, bañada en una salsa de chile de árbol, miel y un toque de ajo. El primer mordisco libera una explosión de picante que se suaviza con la dulzura de la miel, mientras el jugo se desliza por los labios. Un cliente al lado comenta: "Las alitas de la casa son una explosión de sabor, no hay nada igual en la ciudad".
Los visitantes habituales hablan de la constancia. Una familia que viene los domingos dice: "Siempre pedimos las alitas y la cerveza artesanal, el ambiente es relajado y el servicio rápido". Otro reseñista escribe: "El crujido al morder es perfecto, la salsa tiene el equilibrio justo entre picante y dulce". Las reseñas resaltan también la atención del personal, que recuerda nombres y preferencias, creando una sensación de comunidad.
Detrás del mostrador, el dueño cuenta que Hotaru Lomas nació como un puesto de comida callejera en 2015 y, tras años de pruebas, se mudó a su local actual. La idea era ofrecer alitas que combinan técnicas japonesas de fritura con sabores latinos. Esa mezcla se refleja en la decoración: carteles de estilo retro con ilustraciones de samuráis sosteniendo alitas, y una barra de madera que invita a quedarse.
Al cerrar, la fila se vuelve más corta, pero el aroma persiste. Los últimos clientes se despiden mientras el chef apaga la freidora. Salgo con la sensación de haber probado algo auténtico, con la promesa de volver cuando el antojo de alitas vuelva a llamar. La noche en Lomas de Chapultepec sigue su curso, pero Hotaru Lomas ya quedó grabado en mi mapa de lugares favoritos para comer pollo.






