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Un amanecer con croissants en Croissant De Lune

A las 8 am la calle Tamaulipas vibra con el aroma de mantequilla y masa, y Croissant De Lune abre sus puertas a los que buscan un buen café y un croissant recién horneado.

A las ocho de la mañana, la luz dorada se cuela entre los árboles del Hipódromo Condesa y el aroma de mantequilla fundida invade la acera de Av. Tamaulipas. En la puerta de Croissant De Lune, una fila de clientes con mochilas y laptops espera mientras el barista vierte leche vaporizada en un vaso de vidrio. El sonido de la máquina de espresso se mezcla con el crujido de los croissants que salen del horno, y el aire huele a azúcar caramelizada y pan recién horneado.

El croissant de jamón y queso es la pieza central del menú. La masa, ligera como una pluma, se rompe al primer mordisco, dejando al descubierto una capa de jamón curado y queso fundido que se estira como hilo de seda. En la carta aparece con un precio de $85 MXN, dentro del rango $1–100 que maneja el local. Un cliente escribe: “El croissant tiene una masa ligera que se derrite en la boca, el jamón está perfectamente sazonado”. Otro reseñador comenta: “El latte de avellana es la compañía ideal para la mañana, su dulzura no es empalagosa”. Una tercera opinión señala: “El ambiente acogedor y el servicio amable hacen que vuelva cada día”.

Detrás del mostrador, la historia de Croissant De Lune se entrelaza con la de Habibi Bites, una propuesta que combina la tradición francesa con toques libaneses. Los fundadores, dos hermanos, decidieron abrir este café en 2019 para ofrecer un refugio donde la gente pueda detenerse, leer o trabajar mientras saborea algo más que café. La decoración combina madera clara, plantas colgantes y cuadros de acuarela. Por la tarde, la clientela cambia: estudiantes con libros, parejas que comparten un frappuccino de frutos rojos y turistas que buscan un lugar tranquilo para descansar.

Al cerrar el día, alrededor de las diez de la noche, el local mantiene su luz cálida y el aroma de chocolate caliente. El personal sigue preparando el chocolate espeso que se sirve con una pizca de canela, una opción que muchos revisores destacan como “el mejor chocolate caliente de la Condesa”. El sonido de las tazas chocando suavemente contra los platillos crea una atmósfera íntima que invita a quedarse un rato más. Al salir, el recuerdo del croissant crujiente y el latte aromático se queda en la boca, recordándote que a veces la mejor forma de comenzar el día es con un bocado simple pero perfecto.

Así, el ritmo de la mañana en Croissant De Lune se convierte en una coreografía de olores, sabores y conversaciones. Cada visita revela un detalle nuevo: la suavidad del queso fundido, la precisión del espresso, la sonrisa del barista que siempre tiene una recomendación. Volver aquí no es solo comer, es participar en una escena cotidiana que se repite, pero nunca es idéntica, y eso la hace especial.

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