A las siete de la mañana, la calle Río Nazas ya vibra con el sonido de pasos apresurados y el silbido de la máquina de espresso. Dentro, Haru By Day Café huele a café recién molido y a masa dulce que se cuece en la plancha. Un grupo de estudiantes con laptops ocupa la zona de mesas de madera, mientras una pareja mayor comparte una conversación tranquila. El mostrador brilla bajo la luz natural que se cuela por las ventanas, y el barista sirve un cold brew que huele a hierbas frescas.
El plato estrella es el waffle de avellana, una masa crujiente por fuera y esponjosa por dentro, cubierta con una lluvia de azúcar glas y una bola de helado de vainilla que se derrite lentamente. El precio está dentro del rango $1–100, lo que lo hace accesible para cualquier visita matutina. Una reseña escribe: “Los waffles de avellana son una explosión de sabor, la textura perfecta y el toque de avellana me recuerda a mi infancia”. Otro cliente comenta: “El bubble waffle tiene un crujido que se siente como caramelos en la boca”. Un tercer visitante agrega: “El cold brew tiene cuerpo y notas herbales que me despiertan sin ser agresivo”.
Más allá del waffle, el menú incluye chilaquiles con salsa verde, molletes con frijoles refritos y baguettes artesanales. Los chilaquiles, a $85, llegan con totopos crujientes bañados en salsa y coronados con queso fresco; el contraste entre la acidez de la salsa y la suavidad del huevo es un baile de sabores. El ambiente es pet friendly, por lo que los perros pueden acompañar a sus dueños mientras disfrutan de un chai latte que humea con especias de canela y cardamomo.
La historia del café comienza con dos amigos que querían crear un espacio donde el café fuera una excusa para reunirse y conversar. Decidieron abrir en Cuauhtémoc, una zona que combina lo clásico y lo moderno. Con el tiempo, el lugar se ha convertido en un punto de referencia para quienes buscan un desayuno contundente y una taza de té herbal que reconforta. Cada mañana, el personal prepara los waffles al momento, y el aroma se extiende por todo el local, atrayendo a nuevos clientes que se suman al ritual.
Al cerrar la jornada, alrededor de las tres de la tarde, el local se llena de estudiantes que terminan sus proyectos con un último sorbo de cold brew. El sonido de las tazas chocando y las risas crea una atmósfera cálida que invita a quedarse un rato más. Salir de Haru By Day Café es llevarse el recuerdo de un sabor dulce, una conversación amena y la certeza de que volverás, quizás para probar otra variante del waffle o simplemente para sentir el abrazo del café en la mañana.
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