A las dos de la tarde el sol golpea la calle Eje 6 Sur y el sonido de una marimba que se cuela entre los puestos de la zona marca el ritmo del día. En la terraza de El Puerto De Alvarado, la brisa lleva consigo la promesa de una salsa picante y el crujido de tostadas recién fritas. Un grupo de amigos comparte risas mientras el camarero sirve una jarra de agua de coco y el chef, con una sonrisa, prepara la mesa para el próximo pedido.

El local se abrió hace una década cuando una familia de la costa de Veracruz decidió traer su receta de jarocha stew a la gran ciudad. El edificio, una bodega convertida, conserva la fachada de ladrillos rojos y un letrero que ilumina la esquina. Dentro, las paredes están decoradas y cada mesa lleva manteles que recuerdan a los mercados de mar. El horario es constante, de 9 am a 6 pm todos los días, lo que permite que tanto la gente que pasa por la zona como los residentes habituales se detengan cuando el antojo de mariscos llama.
El plato estrella, el aguachile de camarón, llega en una bandeja que recuerda el agua del Golfo. Los camarones, rosados y firmes, se bañan en una salsa verde de chile de árbol, jugo de limón y cilantro recién picado. Cada bocado es una explosión de acidez, picante y frescura, mientras la textura crujiente del pepino contrasta con la suavidad del marisco. El precio es de $260 MXN, un valor que los clientes consideran justo para la calidad y la generosidad de la porción. Otros favoritos incluyen las tostadas de ceviche, servidas con una capa de aguacate y una lluvia de rábanos, y el consomé de pescado, claro y aromático, ideal para acompañar una cerveza artesanal.
Los comensales hablan con entusiasmo. "El aguachile me transporta a la playa de Veracruz", dice Ana, quien visita el restaurante cada fin de semana. Otro cliente, Carlos, comenta: "La marimba en vivo hace que la comida se sienta como una fiesta; nunca he probado nada tan fresco y bien preparado”. Una tercera voz, la de Luis, señala: "Los camarones están siempre al punto, y la salsa tiene el equilibrio perfecto entre picante y ácido”. Estas opiniones reflejan por qué la clientela vuelve una y otra vez; la combinación de sabores auténticos, ambiente relajado y música en vivo crea una experiencia que trasciende la simple cena.
Al caer la tarde, la luz dorada se filtra entre las lámparas y el sonido de la marimba se vuelve más suave. Los últimos clientes se despiden, dejando tras de sí el eco de conversaciones y el olor persistente del mar. Salir del lugar con el sabor del aguachile todavía en la boca es como llevarse un trozo de la costa a casa, y la promesa de volver está escrita en cada detalle, desde la atención del personal hasta la frescura del pescado que llega cada mañana. El Puerto De Alvarado no es solo un restaurante; es un pequeño puerto urbano donde la tradición y la ciudad se encuentran en cada plato.






