A las siete de la tarde, cruzo la puerta de Parole Polanco. Me recibe y una fila de mesas invita a los comensales a sentarse. En la barra, el barman sirve una bebida mientras suena música. El ambiente vibra y anuncia una cena memorable.
El plato estrella, el Tagliatelle al ragú, llega. La pasta se combina con una salsa cargada de carne de res y cerdo. Cada bocado ofrece una mezcla de sabores. El precio es de MXN 750, una cifra considerada justa por la calidad del ragú. El ragú es excelente y la pasta tiene una textura perfecta. Otro cliente, Luis, señala: "El equilibrio de sabores me recordó a la trattoria de mi abuelo".
Más allá del tagliatelle, el risotto de setas, a MXN 800, es una opción para los amantes de los hongos. El arroz se vuelve cremoso, con trozos de setas porcini que aportan un sabor terroso y una ligera nota ahumada. La presentación incluye un adorno que perfuma el plato justo antes de servir. El risotto se derrite en la boca y el toque de parmesano al final realza el plato.
El final de la velada se reserva para el tiramisú, una porción de MXN 350 que combina capas de bizcocho y una crema de mascarpone con cacao. La primera cuchara revela una textura equilibrada que combina el cacao y la dulzura del postre. "El tiramisú es puro placer", escribe Sofía, y Diego comenta: "El café está perfectamente equilibrado, no domina el sabor". La carta de vinos complementa cada plato, y el personal sugiere maridajes que realzan la experiencia.
Al cerrar la noche, regreso a la entrada y observo la fachada. La escena se repite, pero ahora entiendo que Parole Polanco no es solo un restaurante; es un pequeño rincón de Italia en Polanco, donde cada detalle cuenta una historia de tradición y pasión. Salgo con la sensación de haber viajado sin moverme del centro de la ciudad, y con la certeza de que volveré.






