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Fachada iluminada de Antica Roma en la calle 23 A, con su letrero y la entrada de madera al atardecerDestacado

Antica Roma: un rincón italiano que conquista Mérida

Una tarde de domingo en Antica Roma, el aroma de la salsa de tomate y el crujido de la corteza de pan recién horneado convierten la calle 23 en una escapada a Italia.

A las siete de la tarde, el sol se cuela entre los árboles de La Florida y la calle 23 A vibra con el sonido de conversaciones y el tintinear de copas. En la terraza de Antica Roma, una pareja de locales comparte una tabla de focaccia mientras un grupo de estudiantes revisa sus notas entre sorbos de sangría. El aire lleva aromas de hierbas y el murmullo de la cocina abierta invita a acercarse.

El plato estrella es el fettuccine al pesto de pistacho, servido con elegancia. El fettuccine se cubre con una salsa verde cremosa que se adhiere al dente. El precio ronda los 150 $, una cifra que muchos describen como accesible para la calidad que llega a la mesa. Los comensales vuelven por la lasaña de carne, cuajada y dorada, y por la tiramisú que llega con una capa de cacao que se derrite al contacto con la lengua.

El ambiente se siente romántico y sin pretensiones. El servicio es rápido y el personal siempre muestra una sonrisa cálida. El ambiente nocturno, con luces tenues, crea el escenario perfecto para una cena tranquila. El menú ofrece variedad y los precios resultan justos para la experiencia. El restaurante combina la elegancia italiana con la calidez yucateca.

Detrás del mostrador, Mario, el propietario, cuenta que abrió Antica Roma hace diez años, inspirado por los viajes a Roma que hizo con su familia. El local conserva la fachada original de una casa colonial, mientras el interior se renovó con mesas de madera y lámparas de hierro. En la cocina abierta se ve una olla de hierro para el caldo del risotto y una piedra caliente para hornear pizzas.

Al cerrar, alrededor de las once, la calle se vuelve más silenciosa y el restaurante mantiene sus luces encendidas. Los últimos clientes terminan su postre mientras suena música suave y se oye el ruido distante de los autos. Salgo del restaurante con el sabor del pesto aún en los labios y la sensación de haber encontrado un toque de Italia en Mérida.

Si alguna vez paseas por Los Pinos y sientes el impulso de probar algo más que tacos, detente en Antica Roma. Allí, entre risas y platos humeantes, descubrirás por qué la gente vuelve una y otra vez, y por qué el simple acto de comer se vuelve una celebración cotidiana.

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