A las siete de la tarde, la calle Montejo vibra con el tintinear de copas y el perfume de albahaca fresca. En la terraza de la Trattoria La Pasta Montejo, una pareja de locales discute animadamente mientras el camarero sirve una jarra de tinto de verano. El murmullo del tráfico se mezcla con el sonido de la pizza frita que sale del horno, creando un ambiente que recuerda a Roma.
La historia del lugar comienza en 2005, cuando un chef italiano decidió traer la auténtica cocina de su tierra a Mérida. La carta, disponible en su sitio web, muestra platos clásicos como tagliatelle al ragú y lasaña de espinacas, con precios accesibles. Los clientes habituales vuelven por la pizza frita, que se sirve con mozzarella y rúcula; su sabor sorprende a cada comensal. En una reseña reciente, un comensario escribió: “La pizza frita es una delicia que no encuentras en otro lado”. Otro visitante añadió: “El tinto de verano aquí es el acompañamiento perfecto para la cena”. Y una tercera voz comentó: “Gracias al personal, la experiencia se siente como estar en casa”.
El interior de la trattoria tiene mesas de madera y una iluminación que crea un ambiente agradable. En la barra, el chef prepara la pasta al momento. Los aromas de la cocina llenan el aire, y el sonido de la salsa en la cacerola invita a quedarse. Durante la hora del almuerzo, hay una fila en la puerta que indica la popularidad del lugar; el servicio sigue rápido y amable, y los platos llegan a la mesa en pocos minutos.
Al cerrar la noche, el último sorbo de tinto de verano se mezcla con la brisa de Mérida. Salgo de la Trattoria La Pasta Montejo convencido de volver pronto, quizás para repetir la pizza frita o probar otro plato del menú. La combinación de sabores, atención cercana y un entorno histórico convierte a este restaurante en una parada obligatoria para quien busca una experiencia italiana.






