A las siete de la tarde, el sol se cuela entre los puestos de artesanía del Malecón y el aire lleva una mezcla de brisa salina y humo de parrilla. En Fourtuna, una mesa de madera cruje bajo el peso de una pareja que revisa el menú mientras los niños juegan a lanzar conchas en la arena cercana. El sonido de las olas golpeando el muelle se mezcla con el murmullo de conversaciones en español e inglés, y el olor a camarón recién asado se vuelve imposible de ignorar.
Fourtuna, ubicado en C. Ecuador 1725, Lázaro Cárdenas, se abrió hace algunos años bajo la visión de un capitán de pesca que quería servir lo mejor del Pacífico. El interior tiene una atmósfera acogedora que permite disfrutar de la luz del atardecer. La carta, aunque no está detallada aquí, se concentra en platos de mariscos frescos, desde ceviche de pulpo hasta el pescado del día, todo dentro de un rango de precios de $100 a $200, lo que lo sitúa entre los locales de gama media‑alta.
Los clientes habituales hablan de la “experiencia de sabor” que ofrece el pulpo a la parrilla, crujiente por fuera y tierno por dentro, servido con una salsa de mantequilla de ajo y un toque de chile de árbol. Otro plato que destaca es la langosta al estilo Veracruz, acompañada de arroz rojo y vegetales al vapor, cuyo precio ronda los $180. La presentación es simple pero elegante, resaltando la frescura y el sabor de la langosta. Cada cucharada combina la dulzura del mar con el picante sutil del adobo, creando una sensación que permanece mucho después del último bocado.
El personal se destaca por recordar nombres y preferencias, ofreciendo un ritmo de servicio relajado que permite disfrutar sin prisas. Un visitante comenta que el ambiente “te hace sentir como en casa, con el sonido del mar como banda sonora”. Otro señala que la terraza es el mejor lugar para observar el atardecer mientras se saborea una copa de vino blanco chileno que complementa perfectamente los mariscos. La combinación de ubicación, calidad y hospitalidad ha convertido a Fourtuna en un punto de referencia para locales y turistas que buscan una cena memorable sin el bullicio de los restaurantes más turísticos.
Al cerrar la noche, la luz tenue crea sombras que bailan sobre las mesas vacías. El sonido del mar sigue presente, recordando que Fourtuna no es solo un restaurante, sino una extensión del litoral de Puerto Vallarta. Con cada visita, el visitante lleva consigo el recuerdo de un sabor auténtico, de una brisa que acaricia la piel y de la certeza de que, en este rincón del Malecón, el mar llega directamente al plato.






