A las siete de la tarde, el calor de Puerto Vallarta empieza a ceder paso a la brisa del Pacífico. En la calle Ecuador, justo frente a la vibrante vida de Lomas del Calvario, MySushi abre sus puertas con el sonido de la campana y el suave zumbido del aire acondicionado. El olor a arroz recién cocido se mezcla con la frescura del pescado, y una fila de clientes curiosos se extiende bajo las luces tenues del interior.
El mostrador de madera pulida revela una barra de sushi donde el chef, con movimientos precisos, corta el atún como si fuera una obra de arte. El roll de salmón con aguacate, vendido a 120 pesos, llega en una bandeja de cerámica negra; el pescado se deshace al primer mordisco, la grasa del salmón fundiéndose con la cremosidad del aguacate, mientras el arroz crujiente bajo la presión del nori añade un contraste inesperado. Un cliente escribe en su reseña: "El sushi tiene una presentación impecable y el sabor me transportó a Tokio".
Otro visitante comenta: "El ambiente es muy agradable, el aire acondicionado es perfecto para los días calurosos y el personal siempre tiene una sonrisa". La atmósfera combina la sencillez de una cafetería con la elegancia de un restaurante de sushi, y el sonido de los cubiertos contra los platos crea una sinfonía que invita a quedarse. Un tercer reseñante señala: "Me encanta volver aquí por la consistencia; siempre encuentro platos frescos y bien preparados".
Detrás del mostrador, el propietario, originario de Osaka, cuenta que abrió MySushi en 2018 para compartir la auténtica cocina japonesa con los vecinos de Coapinole. La historia de su familia se refleja en cada pieza de sushi, desde el nigiri de camarón hasta el temaki de pepino, todos servidos con una porción de jengibre encurtido que corta la grasa del pescado. Los precios son accesibles, y la carta incluye opciones como el roll de tempura a 150 pesos, que combina la ligereza del crujiente con la suavidad del relleno.
Al cerrar la noche, el local se vacía lentamente, pero el recuerdo del sabor del atún y la calidez del servicio permanece. Salgo del restaurante con la sensación de haber probado algo más que comida: una pequeña ventana a la cultura japonesa en medio del bullicio mexicano. La próxima vez que el sol se esconda detrás de la bahía, sabré exactamente a dónde dirigirme para volver a sentir ese equilibrio entre tradición y modernidad.






