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Una madrugada de tacos en La Flamita Mixe

A las diez de la noche, el aroma de la carne asada y el sonido de la parrilla convierten a La Flamita Mixe en el epicentro del taco nocturno en Oaxaca.

A las diez de la noche, la calle Las Rosas vibra con el chisporroteo de las brasas. Dentro de La Flamita Mixe, la fila se estira bajo la luz amarilla de los faroles y el aire huele a cilantro, cebolla y el toque ahumado de la carne. Un grupo de estudiantes de la Universidad de Oaxaca charla animado mientras el taquero, con su delantal manchado, voltea los trompos de pastor que giran lentamente.

El taco al pastor es la carta de presentación, servido en una tortilla recién hecha, coronado con piña caramelizada, cebolla morada y un puñado de cilantro. Cada bocado combina la dulzura de la piña con el picante de la salsa de chile de árbol; la carne se deshace en la boca, jugosa y ligeramente crujiente en los bordes. El precio es de $35, lo que lo sitúa dentro del rango accesible para cualquier visita nocturna. Pero el verdadero secreto del lugar es el taco de costilla, una pieza de carne tierna que se deshace al tocar el tenedor, acompañada de una salsa de mantequilla de ajo que le da un brillo dorado. Ese taco cuesta $45 y suele vaciar los platos de los comensales más hambrientos.

Los comentarios de los clientes hablan por sí mismos. Una reseña dice: “Los tacos de papa rellena son una explosión de sabor; la masa crujiente y el relleno de queso fundido hacen que vuelva cada semana”. Otro visitante escribe: “La gringa de La Flamita es perfecta, el queso quesillo se derrite y el toque de guac lo lleva al siguiente nivel”. Un tercer cliente comenta: “El ambiente es relajado, el servicio rápido y la salsa de costilla picante pero balanceada”. Estas voces reflejan la constancia del sabor y la energía del local, que nunca cierra antes de las dos de la madrugada.

Detrás del mostrador, la historia de la familia Mixe se entrelaza con la tradición del taco. El fundador, originario de la comunidad Mixe, abrió el puesto en 2010 para compartir recetas heredadas. Hoy, la tercera generación maneja la parrilla, manteniendo la receta del adobo de pastor tal como la aprendió su abuelo. La decoración es sencilla: paredes de ladrillo visto, mesas de madera rústica y una vitrina que muestra las salsas caseras. La luz tenue y la música regional crean un escenario íntimo que invita a quedarse más tiempo, ya sea para una segunda ronda de tacos o para una cerveza artesanal del barrio.

Al salir, el eco de las risas y el último sonido de la parrilla se funden con el aroma que aún flota en la calle. Ahora entiendo por qué La Flamita Mixe se ha convertido en punto de referencia para los noctámbulos de Oaxaca: no solo por sus tacos, sino por la sensación de pertenencia que ofrece a cada cliente que cruza su puerta. La próxima vez que busques una experiencia auténtica, llega temprano, pide el taco de costilla y déjate envolver por la calidez de la comunidad Mixe.

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