A las siete de la tarde el restaurante recibe a los clientes en la barra de Dragón Sushi Rosario. Un par de estudiantes de la Universidad de las Artes comparten una mesa de madera, mientras el chef corta el pescado con precisión. El ambiente está iluminado, resaltando el mostrador de madera.
El local está en El Rosario 203, en el barrio de Santa Lucía del Camino. La fachada es sencilla, con un letrero que muestra un dragón estilizado. Dentro, el espacio es compacto y ordenado; las sillas de metal y los taburetes de madera crean un contraste. La barra, donde el chef prepara los makis, es el corazón del lugar y está cubierta de bandejas de pescado.
El plato estrella es el Dragon Roll, una pieza de maki rellena de camarón tempura, aguacate y pepino, cubierta con láminas de anguila glaseada y mayonesa picante. Cuesta MX$180 y se sirve sobre arroz sazonado, con anguila. Cada bocado combina la capa de tempura con la suavidad del aguacate y la salsa, creando una textura que pasa de crujiente a cremosa.
Los clientes habituales también piden el Sashimi de atún, servido en porciones de 150 g por MX$130, y el rollo de salmón con queso crema, que cuesta MX$150. En una reseña un visitante escribió: “El atún está tan fresco que casi se deshace en la boca”. Otro cliente comentó: “El precio es justo para la calidad, especialmente el Dragon Roll”. Un tercer comentario dice: “Me gusta venir después del trabajo, el servicio es rápido y el ambiente relajado”. Estas opiniones reflejan por qué la gente vuelve, buscando una experiencia constante sin sorpresas desagradables.
Al cerrar la noche, la barra se vacía y el chef sigue trabajando. Los cuchillos siguen trabajando mientras preparo mi último bocado. Salgo del restaurante recordando el sabor marino y la atención del personal. La calle se vuelve más fresca, pero el sabor del Dragon Roll permanece, recordándome que la buena comida puede unir culturas.






