A las 7 p.m., el sonido de una guitarra eléctrica se cuela entre el aroma a mezcal ahumado y el perfume del mole negro que se cuece en la cocina de ALAMBIQUE. La barra está llena de gente que espera su turno para probar la tlayuda crujiente, mientras el camarero sirve una margarita de tamarindo que brilla bajo la luz tenue del local.

El restaurante, ubicado en C. Macedonio Alcalá 401, abre sus puertas a partir de las 2:30 p.m. y se extiende hasta la madrugada del viernes y sábado. La fachada de ladrillos rojizos invita a pasar, pero es el interior con mesas de madera y paredes adornadas con arte local lo que atrapa a los visitantes. El plato estrella, el mole negro de pollo, llega en un plato hondo donde la salsa espesa cubre la carne con un brillo profundo; al probarlo, la combinación de chocolate, chiles y especias se deshace en la boca, dejando un retrogusto dulce‑amargo que invita a seguir comiendo.

Los clientes habituales hablan de la atmósfera relajada y de la música rock en vivo que acompaña cada comida. Un comensario menciona que el “mezcal de la casa, servido en una copa de barro, tiene un sabor terroso que combina perfecto con los tacos de camarón fritos”. Otro reseña que la “tlayuda con tasajo y queso Oaxaca es crujiente por fuera y jugosa por dentro, como una explosión de texturas”. Un tercer visitante señala que la “sopa de tortilla, con sus tiras de tortilla frita y aguacate, reconforta después de una tarde de caminata por el mercado”.
ALAMBIQUE no es solo comida; es un punto de encuentro para los amantes del rock y del mezcal. Los viernes, la pista se llena de jóvenes que bailan mientras el bartender prepara el famoso tamarind margarita, una mezcla agridulce que corta la intensidad del mole. La combinación de música en vivo, platos tradicionales y una carta de mezcal artesanal convierte al lugar en un refugio nocturno para quienes buscan algo más que una cena.
Al cerrar la noche, el aroma de la leña del horno se mezcla con el eco de los acordes finales. Salir del local a las 1 a.m. y caminar por la calle Independencia, con la brisa fresca y el sonido distante de la ciudad, deja la sensación de haber vivido una parte auténtica de Oaxaca. ALAMBIQUE sigue allí, listo para recibir a la próxima generación de comensales que buscan sabor, música y comunidad en un solo espacio.






