A las siete de la tarde, el sol se cuela entre las rejas de la calle de San Antonio y el aroma a ajo y tomate recién cocido invade la calle. En la mesa de la esquina, un grupo de amigos charla mientras el camarero coloca un plato humeante de fettuccine al pesto frente a ellos. El sonido de la música suave y el tintinear de copas crean una atmósfera que invita a quedarse.
Mexita abrió sus puertas hace una década, fundado por la familia Rossi que llegó a Oaxaca buscando nuevos sabores. El local conserva una fachada de madera pintada de verde oliva, y dentro el interior combina azulejos blancos con mesas de madera rústica. El menú, aunque breve, destaca una pasta fresca que se elabora en la cocina cada mañana. La lasaña de carne, con capas de salsa boloñesa y queso gratinado, se ha convertido en la favorita de los locales; un cliente escribe: "La lasaña es perfecta, la salsa tiene la intensidad justa y el queso se derrite en la boca".
Los visitantes recurrentes hablan del servicio cercano. "El camarero siempre recuerda mi nombre y mi pedido de risotto de setas", comenta una reseña reciente. Otro cliente señala que el precio del risotto, a 120 pesos, es razonable para la calidad de los ingredientes. La pizza de cuatro quesos, con una masa crujiente y bordes ligeramente carbonizados, también recibe elogios: "La masa tiene esa textura ligera que solo se consigue con una buena fermentación". Las críticas resaltan la atención al detalle, desde la presentación del plato hasta la selección de vinos italianos que acompañan la comida.
Al cerrar, la luz tenue del interior se mezcla con la brisa nocturna que entra por la puerta principal. Los últimos comensales disfrutan de un espresso fuerte mientras escuchan la conversación animada de la cocina. El chef, con una sonrisa, corta una porción de tiramisú y la sirve en un plato de cerámica azul. "El tiramisú es el broche final perfecto", escribe otro cliente, describiendo la crema suave y el toque amargo del cacao. Salgo del lugar con la sensación de haber encontrado un pequeño pedazo de Italia en medio de Oaxaca, listo para volver pronto.
Al día siguiente, al pasar por la calle, el olor a pan recién horneado me recuerda la escena de la noche anterior. Mexita no es solo un restaurante; es un punto de encuentro donde la tradición italiana se mezcla con la calidez oaxaqueña, creando una experiencia que se queda en la memoria mucho después de la última cucharada de postre.






