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Muzza, pizza al taglio: una parada obligada en Oaxaca

Una tarde en la calle de Macedonio Alcalá, el aroma a masa recién horneada te guía a Muzza, donde la pizza al taglio se convierte en ritual.

A las siete de la tarde, la calle de Macedonio Alcalá vibra con el sonido de conversaciones. Yo ya estoy en la fila de Muzza, pizza al taglio, con una taza de café de olla en la mano. El aire lleva una mezcla de levadura y aceite de oliva que se percibe desde la cocina abierta. Los clientes son una mezcla de estudiantes de la Universidad de la Sierra, trabajadores de oficinas cercanas y una familia que llega después de la escuela, todos esperando la famosa porción rectangular que se corta al momento.

Muzza nació en 2018 cuando dos hermanos, amantes de la pizza napolitana, decidieron adaptar la tradición italiana al ritmo de Oaxaca. La carta es corta pero precisa: margherita, prosciutto y rúcula, y la estrella del menú, la “Muzza Especial”. Esta última combina salsa de tomate San Marzano, mozzarella fresca, chorizo oaxaqueño, aceitunas negras y un chorrito de miel de agave. La porción cuesta $120 y llega al mostrador en menos de cinco minutos, caliente, con la masa crujiente en los bordes y el centro ligeramente esponjoso. Al probarla, el picante del chorizo se equilibra con la dulzura de la miel, mientras el queso se funde en una capa cremosa que se extiende por toda la pieza.

Los comentarios de los comensales hablan por sí solos. Una reseña menciona que “el chorizo le da un toque auténtico que no encuentras en otras pizzerías”. Otro cliente escribe que “la masa es la mejor que he probado fuera de Italia, ligera y con ese crujido que te hace volver”. Un tercer visitante asegura que “el ambiente es relajado, la atención rápida y el precio justo para la calidad”. Estos testimonios reflejan por qué la gente vuelve día tras día, no solo por la pizza, sino por la sensación de comunidad que se crea alrededor del mostrador, donde el personal corta cada porción al ritmo de la charla.

Al cerrar la noche, el local se vuelve más íntimo; la luz tenue suaviza el espacio y el ambiente se vuelve un susurro. Salgo con una caja de dos porciones, una para compartir en el parque y otra para la cena en casa. La experiencia en Muzza no es solo comer pizza, es participar en un pequeño ritual oaxaqueño donde cada bocado recuerda la mezcla de tradiciones que hacen única a la ciudad.

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