A las ocho de la noche, la calle Miguel Hidalgo vibra con el murmullo de la gente que regresa del mercado. En la esquina del número 1413, la luz cálida que escapa de la ventana de Dassian Restaurante invita a pasar. Dentro, el aroma de ajo y romero se mezcla con el perfume dulce de la salsa de tomate recién hecha, y el sonido de la pasta fresca golpeando la tabla del chef marca el ritmo de la noche.
El menú gira alrededor del fettuccini al ragú de conejo, una pieza de tradición italiana reinterpretada con el toque mexicano que los locales adoran. El plato llega en un plato blanco, la pasta al dente cubre una salsa espesa que lleva trozos tiernos de conejo, aceitunas negras y una lluvia de queso parmesano. Cada bocado combina la suavidad de la carne con la acidez del tomate y el perfume del romero, creando una experiencia que muchos describen como "un abrazo cálido en medio del frío".
"El fettuccini me recordó a la casa de mi abuela, pero con un giro que solo aquí se encuentra", escribe una reviewer en su reseña de 2023. Otro cliente asegura: "Los espárragos al grill son la mejor guarnición, crujientes y con justo punto de sal". Una tercera voz comenta: "La ensalada caprese es fresca, el mozzarella se derrite en la boca y el aceite de oliva local le da vida al plato". Estas opiniones revelan por qué los comensales vuelven: la combinación de ingredientes frescos, la atención al detalle y la atmósfera íntima que se siente como una conversación entre viejos amigos.
Dassian abrió sus puertas en 2015, fundado por una familia que había vivido en Florencia y decidió traer la auténtica cocina italiana a Oaxaca. La fachada de ladrillos rojos y la puerta de madera tallada recuerdan a los pequeños locales de la Via Roma, mientras que dentro, las mesas de madera y las luces colgantes crean un espacio acogedor. La cocina abierta permite ver al chef lanzar la masa al aire, una escena que atrae a los curiosos durante la cena.
Al cerrar el día, el reloj marca las diez y las mesas empiezan a vaciarse. La última porción de tiramisú, con su capa de cacao y café fuerte, desaparece bajo la cuchara de un cliente que susurra: "Este postre es el final perfecto para una noche perfecta". Salgo del restaurante con el sabor del ragú todavía en la lengua y la sensación de haber encontrado un rincón italiano que se siente tan oaxaqueño como cualquier otro. La calle Miguel Hidalgo vuelve a su silencio, pero el recuerdo de Dassian permanece, listo para la próxima visita.






