A las ocho de la mañana, la fila frente a la entrada de Wimo The Waffle Shop ya se extiende bajo la luz tibia de la plaza. El olor a masa dorada se mezcla con el perfume del café de la cafetería contigua, y los perros de los clientes pasean alegremente por la acera. Un grupo de estudiantes de la universidad cercana charla animado mientras esperan su orden, y yo, con una taza de espresso en mano, observo cómo el personal voltea los waffles en la plancha con precisión.
Cuando llega mi turno, el camarero me recomienda el "Waffle de matcha con crema de queso". La primera mordida revela una textura crujiente por fuera y esponjosa por dentro, mientras el verde del matcha se equilibra con la suavidad láctea de la crema. Cada bocado deja un regusto ligeramente amargo que contrasta con la dulzura del jarabe de agave que lo acompaña. Otro cliente, que lleva una camiseta con el logo de la tienda, comenta: "Los waffles de matcha son una explosión de sabor, nunca había probado algo así en México".
El menú de Wimo no se limita a los dulces. En la sección salada, el "Waffle de chilaquiles" destaca entre los habituales tacos de la zona. Los totopos crujientes se sirven sobre la base del waffle, bañados en salsa verde y coronados con huevo estrellado. El contraste entre la masa del waffle y la acidez de la salsa es sorprendente. El chilaquiles con waffle sorprende gratamente, combinando un desayuno tradicional con una reinvención moderna. La variedad de opciones permite a los veganos disfrutar de la versión con tofu marinado y aguacate, una propuesta que ha generado comentarios como "Finalmente un lugar que piensa en los que no comen carne, y lo hace con estilo".
Wimo también se ha ganado la reputación de ser pet‑friendly. En una tarde de domingo, una pareja llega con su bulldog francés y se sienta en la terraza sin problemas. Un cliente escribe: "Me encanta que pueda venir con mi perro, el ambiente es relajado y el personal siempre amable". La atención al detalle se extiende a la presentación: los waffles se sirven de forma que resaltan los ingredientes, y el personal ofrece una servilleta, reflejando su compromiso con la sostenibilidad.
El local, ubicado en Plaza Monte Verde, presenta una entrada acogedora que invita a entrar. Dentro, la decoración es minimalista, con elementos que aportan un toque industrial. En la cocina abierta, se pueden ver los chefs trabajando, volteando los waffles y añadiendo toppings al momento. Un cliente comenta: "Ver cómo preparan los waffles en vivo le da un plus a la experiencia, se siente parte del proceso".
Al cerrar la visita, el sol empieza a bajar y el sonido de la música indie que sale del altavoz crea un ambiente íntimo. Mientras saboreo el último bocado del "Waffle de salmón ahumado", reflexiono sobre cómo este pequeño negocio ha logrado mezclar tradición y modernidad, ofreciendo platos que sorprenden sin perder la esencia del desayuno mexicano. Volveré, quizá a la hora del almuerzo, para probar el menú completo y seguir descubriendo qué más tiene reservado este rincón de waffles en San Luis Potosí.






