A las ocho de la noche, la terraza de Trastevere Alta Pizzería vibra con el sonido de vasos chocando y el perfume de la masa fermentando en el horno de leña. Los clientes, una mezcla de estudiantes de la Universidad Autónoma y parejas que buscan una cena relajada, ocupan los taburetes de metal mientras el chef abre la puerta del horno y saca una pizza con la base perfectamente crujiente. El calor del horno se cuela en el aire, y el primer bocado revela una salsa de tomate ligeramente dulce, mozzarella que se estira y un toque de albahaca fresca que perfuma cada mordida.
La historia del lugar empieza en 2015, cuando un grupo de amigos italianos decidió traer un pedazo de Roma a la Loma 3ra Sección. La dirección, Cordillera Real 325, se ha convertido en un punto de referencia para los que buscan una experiencia auténtica sin salir de la ciudad. La carta, dentro del rango de MX$100–200, se centra en pizzas artesanales, pero también ofrece un tiramisú que ha ganado el cariño de los comensales. Un cliente escribe: "La masa es crujiente y el sabor italiano se siente en cada ingrediente". Otro comenta que el ambiente es "acogedor y con música suave que invita a quedarse". Un tercer visitante asegura que "el tiramisú es la mejor forma de cerrar la cena, con café y cacao justo en el punto".
El plato estrella, la pizza Margherita, llega a la mesa con la base dorada y bordes inflados, una capa de mozzarella que se funde en el paladar y hojas de albahaca que aportan frescura. El precio, alineado con el rango del restaurante, permite que sea una opción frecuente para los que vienen después del trabajo. Los críticos destacan la combinación de una masa ligera y una salsa que no ahoga el queso, creando un equilibrio que hace volver a la gente. En la hora pico del almuerzo, la fila se extiende por la acera, y los clientes esperan pacientemente para probar la famosa pizza de pepperoni, que según los comentarios, tiene una “corteza crujiente y un toque picante que despierta los sentidos”.
Al cerrar la noche, la terraza se vuelve más íntima. Las luces tenues resaltan las mesas de madera y el aroma a ajo y orégano persiste en el aire. El chef, aún con el delantal manchado de harina, sirve el último tiramisú del día, espolvoreado con cacao amargo y acompañado de un espresso fuerte. Un cliente de paso dice: "Este tiramisú es como un abrazo después de una larga jornada". La experiencia completa, desde la primera inhalación del horno hasta el último sorbo de café, deja una sensación de satisfacción que invita a volver.
Al salir, el sonido de la calle se mezcla con el eco de conversaciones satisfechas. Trastevere Alta Pizzería no es solo una pizzería; es un pequeño refugio donde la tradición italiana se encuentra con la calidez poblana. La próxima vez que pases por Cordillera Real, detente, siéntate en la terraza y deja que la masa crujiente y el tiramisú cremoso te cuenten su propia historia.






