A las 10 de la noche, la calle Av 9 Ote se llena de un murmullo de conversaciones y el crujido de tacos que se venden en los puestos cercanos. Dentro de Gooblin's, el olor a madera pulida y el leve perfume de cerveza recién tirada se mezclan con la vibra de una canción de metal que recorre el espacio. Un grupo de amigos, algunos con camisetas de bandas de los 80, se instala alrededor de la mesa de billar mientras el bartender sirve una pinta de IPA artesanal. El ambiente es ruidoso pero acogedor, y el humo de los cigarrillos forma pequeñas columnas que se elevan lentamente, creando una atmósfera que parece sacada de un club underground.
El corazón del local es su barra de madera robusta, donde la carta de cervezas artesanales se despliega como una lista de descubrimientos. Entre las opciones destaca la "Stout del Diablo", una cerveza negra con notas de cacao y café que cuesta $150. Un cliente comenta: "La Stout del Diablo tiene un cuerpo tan denso que se siente como una canción lenta de metal, perfecta para acompañar una partida de pool". Otro visitante escribe: "El ambiente de rock es auténtico, la música no es solo ruido de fondo, es parte del concepto". La pista de billar, iluminada por luces colgantes, invita a largas partidas que se extienden hasta la madrugada.
El menú de bar no se queda atrás. El "Nacho Supremo" llega a la mesa con una montaña de totopos crujientes, queso fundido, jalapeños frescos y una salsa de frijol negro que se desliza con suavidad. Por $120, el plato combina el picante y el sabor ahumado de la carne deshebrada, creando una explosión de texturas que deja a los comensales pidiendo otra ronda. Una reseña señala: "Los nachos son la mejor excusa para quedarme hasta la 1 am, el queso está perfectamente derretido y el jalapeño le da el toque justo". Otro cliente escribe: "El servicio es rápido, el personal conoce bien el menú y siempre sugiere la cerveza que mejor combina con el plato".
Detrás del mostrador, el propietario, un ex‑rockero de la escena local, cuenta que el bar nació como un proyecto para reunir a la comunidad de amantes de la música y el billar. "Queríamos un espacio donde la gente pudiera tocar, jugar y disfrutar de buenas cervezas sin pretensiones", dice. Esa visión se refleja en cada rincón: las paredes están cubiertas de vinilos de bandas icónicas, y una pequeña zona de escenario permite a bandas emergentes tocar en vivo los viernes y sábados. Las reseñas resaltan la "calidad del sonido" y el "espacio ideal para socializar".
Cuando el reloj marca la 2 am y la música se vuelve más lenta, el local sigue vibrando. Los últimos clientes, con la mesa de billar todavía cubierta de bolas dispersas, levantan sus vasos y brindan por la noche que apenas comienza. Salir de Gooblin's con la sensación de haber sido parte de una comunidad que celebra el rock, la cerveza y el juego es la mejor recompensa. Si buscas una experiencia que combine buena música, cerveza artesanal y un toque de nostalgia de los años 80, este bar es el lugar donde la noche de Puebla cobra vida.






