A las 2 p.m. del sábado, la calle Nicolás del Puerto vibra con el sonido de cubiertos y risas. Dentro de Viriditas Cocina Vegana, el aire está cargado de cilantro fresco, ajo asado y el perfume ahumado de un ramen que burbujea en la olla. Una familia con niños ocupa una mesa cerca de la ventana; el pequeño, con la cara cubierta de salsa, señala el plato de falafel con una sonrisa que dice más que cualquier reseña.
Viriditas nació en 2019 cuando dos chefs oaxaqueños decidieron que la cocina vegana podía abrazar los sabores de su tierra sin perder autenticidad. El menú del día, que cambia según la temporada, incluye opciones como chiles en nogada veganos, una versión ligera que conserva la dulzura de la fruta y el picor del chile poblano, todo coronado con una salsa de nuez que recuerda a la tradicional. El ramen de miso, con fideos al dente, tofu marinado y una capa de setas shiitake, se ha convertido en la carta de presentación; su caldo, profundo y aromático, combina el umami de la kombu con el frescor del cilantro picado al momento.
Los comensales vuelven por la textura crujiente del falafel, que se deshace al primer mordisco y revela un interior de garbanzos especiados. Un cliente comentó que el plato le recordó a la infancia, pero sin la culpa de la carne. Otro visitante destacó la relación calidad‑precio: “Por menos de 100 pesos disfruto de una comida completa que satisface tanto al paladar como al corazón”. La atención es cálida y sin pretensiones; el personal conoce cada ingrediente y su origen, y no duda en recomendar el jugo de jamaica con un toque de menta para acompañar la comida.
Al caer la tarde, la luz tenue del interior resalta los colores vivos de los platos. La pared de ladrillo visto muestra una foto del mercado de Tlacolula, recordando que la inspiración de Viriditas viene de la calle. Los niños siguen jugando mientras los adultos comparten una mesa, intercambiando historias sobre los sabores que descubren. La experiencia se siente como una conversación entre tradición y modernidad, donde cada bocado cuenta una historia de la región.
Cuando el reloj marca las 5 p.m., el flujo de clientes disminuye, pero el aroma persiste. Salgo del local con una bolsa de tacos de nopal y una sensación de haber probado algo auténtico y sostenible. Viriditas no solo sirve comida; ofrece un espacio donde la comunidad se reúne alrededor de platos que respetan la tierra y celebran la cultura oaxaqueña.






