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Una tarde con mole y mezcal en Ocote cocina

En el bullicioso centro de Oaxaca, Ocote cocina sirve mole negro que captura la esencia de la ciudad, rodeado de risas y el aroma del mezcal.

A las siete de la tarde, la calle 5 de Mayo vibra con el sonido de los pasos apresurados y el tintineo de copas. Yo estoy en la barra de Ocote cocina, rodeado de locales que esperan su mesa mientras el chef abre la puerta del horno y deja escapar un perfume a achiote y cacao. El aire huele a tierra mojada y a tortillas recién hechas; el murmullo del mercado cercano se cuela entre las paredes de ladrillo.

Plato de mole negro con pollo en Ocote cocina, salsa brillante y guarnición de arroz — primer plano del plato principal

El plato que define a Ocote es su mole negro, una salsa espesa que combina chiles pasilla, chocolate amargo y una pizca de hoja de aguacate. Cada cucharada cuesta $150 y llega sobre una pieza de pollo crujiente, bañada en una capa brillante que se desliza como seda. La primera prueba es una explosión de sabores: el dulzor del chocolate contrasta con el picante sutil de los chiles, mientras una nota ahumada de mezcal se cuela en el fondo. Un comensal en la mesa de al lado comenta, "Este mole me recuerda a la cocina de mi abuela, pero con un giro moderno".

Los visitantes habituales hablan de la tlayuda de huitlacoche, pero el mole sigue siendo la razón por la que vuelven. El ambiente es relajado, el servicio rápido y el mole, una obra de arte. Otro cliente escribe, "Me encantó probar los chapulines fritos como acompañamiento; son crujientes y ligeramente salados". La carta, aunque limitada, destaca precios entre $100 y $200, lo que sitúa a Ocote como una opción de rango medio que no sacrifica calidad.

El local abre de lunes a sábado de 11:30 am a 10:30 pm y los domingos de 5:30 pm a 9:30 pm, lo que permite una cena tardía. En la barra, el bartender sirve mezcal artesanal en copas de barro, y las conversaciones en español e inglés llenan el espacio. Cuando el reloj marca las diez, el ambiente interior realza la profundidad del mole.

Al final de la noche, salgo del restaurante con el sabor del mole todavía en la boca y la alegría de los comensales. La experiencia en Ocote cocina no es solo comer, es sumergirse en la cultura oaxaqueña, sentir la historia en cada bocado y llevarse un recuerdo que dura más que la comida.

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