A las 9 AM, la calle La Paz vibra con el perfume de pan recién horneado. Los clientes se aglutinan en las mesas de la terraza, el sol de la mañana se cuela entre los árboles y el sonido de tazas chocando marca el inicio del día. En la barra, el chef desliza una bandeja de pan de chocolate recién salido del horno, la corteza crujiente revela un interior tierno y dulce que se derrite al primer mordisco.
Pan:am San Felipe nació como una pequeña panadería en el barrio de Colinas de la Soledad, y hoy se ha convertido en el punto de encuentro del brunch oaxaqueño. Su carta, aunque compacta, destaca el "Pan de chocolate" a $130, una pieza gruesa de masa enriquecida con cacao local, cubierta con una ligera capa de azúcar glas que chisporrotea bajo la luz. Otro favorito es el "Chilaquiles verdes con huevo" a $150, servido con totopos crujientes, salsa fresca y una porción generosa de queso fresco. Los precios se sitúan cómodamente entre 100 y 200 $, lo que lo coloca en la categoría medio‑rango del mercado local.
El pan de chocolate es una delicia, crujiente por fuera y suave por dentro. Los chilaquiles con huevo y salsa verde me dejaron con ganas de volver. El ambiente es acogedor y el servicio rápido, perfecto para el brunch. Estas opiniones resaltan la combinación de sabor y atención que mantiene a la clientela regresando, especialmente los vecinos que vienen después de la clase de yoga del parque cercano.
El interior presenta una mezcla de mobiliario sencillo y decoraciones que evocan la tradición local. En una esquina se sirve café, añadiendo un toque reconfortante a la experiencia. Durante el almuerzo, la terraza recibe a visitantes que buscan una pausa ligera. El personal sirve los platos con rapidez y atención al detalle.
Al cerrar el día, el aroma del pan sigue flotando mientras los últimos comensales disfrutan de un postre tradicional. La experiencia en Pan:am San Felipe es más que una comida; es una conversación cotidiana, un momento de pausa en la rutina oaxaqueña. Salir de allí con una bolsa de pan bajo el brazo y el recuerdo de ese chocolate fundido es casi un ritual. La próxima vez que pases por la avenida La Paz, detente, deja que el olor te guíe y prueba el pan que ha convertido a este rincón en un referente del brunch en la ciudad.






