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A couple enjoys ramen and drinks outdoors at night, sharing smiles and conversation.Destacado

Nen: ramen japonés con sabor a Oaxaca

Una tarde de lluvia en el centro de Oaxaca se vuelve un viaje a Tokio cuando el aroma del caldo de ramen invade la calle Porfirio Díaz.

A las 5 de la tarde, la lluvia golpea el adoquín de la calle Porfirio Díaz y los paraguas se amontonan frente a Nen. Dentro, el vapor se eleva como una niebla tibia y el sonido de la cuchara contra el tazón marca el ritmo de la conversación. Un grupo de estudiantes de la Universidad de la Sierra comparte una mesa pequeña mientras el camarero coloca una bandeja de gyozas crujientes al lado del ramen de cerdo. El olor a caldo de miso, ajo y jengibre llena el aire, y la limonada de melocotón burbujea en vasos de vidrio.

Nen abrió sus puertas en 2018, inspirado por un chef que había vivido años en Osaka. El local conserva la fachada colonial del centro, pero una luz de neón rosa anuncia “Ramen” en japonés. Dentro, las paredes están cubiertas de paneles de madera oscura y una vitrina muestra los dumplings recién hechos. El menú, que se sitúa entre 100 y 200 pesos, destaca el ramen tonkotsu, un caldo espeso y rosado que se cuece durante 12 horas. Los fideos son al dente, la carne de cerdo se deshace en la boca y el huevo marinado aporta una nota cremosa. Un cliente escribe: “El caldo tiene la profundidad de un buen miso, pero con la calidez del chile de Oaxaca”. Otro comenta: “Las gyozas son la mejor combinación de crocante y jugoso que he probado fuera de Japón”. Un tercer reseñador señala: “La limonada de melocotón equilibra el picante del ramen, una sorpresa refrescante”.

Los visitantes vuelven por la consistencia del sabor y la atmósfera relajada. La música, una mezcla de jazz suave y pop japonés, crea un fondo que no interrumpe la charla. En la hora del almuerzo, el local se llena de oficinistas que buscan una pausa rápida; el servicio es ágil y los platos llegan en menos de diez minutos. Por la noche, la luz se atenúa y la clientela cambia: parejas jóvenes y turistas se sientan en la barra, observando al chef lanzar fideos al aire. El orange chicken, servido con una salsa agridulce, se ha convertido en un acompañamiento popular, aunque el ramen sigue siendo la estrella.

Al cerrar, el chef limpia la olla gigante y el aroma persiste en la calle. Salgo bajo la lluvia, con la sensación de haber viajado sin moverme del centro de Oaxaca. Nen no es solo un restaurante; es un punto de encuentro donde la tradición japonesa se mezcla con el calor oaxaqueño. La próxima vez que el cielo se nuble, sé que encontraré refugio en ese pequeño templo del caldo, con una taza de limonada de melocotón en mano y la promesa de otro tazón de ramen esperándome.

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