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Colorful traditional building on a quiet street in Oaxaca, Mexico.Destacado

Una noche de sabores japoneses en Nen, Oaxaca

Descubre cómo el ramen y los gyozas de Nen convierten una tarde en el centro de Oaxaca en una experiencia sensorial única.

Es viernes a las siete de la tarde y el sonido de la música pop japonesa se cuela por la puerta de cristal de Nen. La calle Porfirio Díaz vibra con el paso de los locales que, tras el trabajo, buscan un refugio de sabores lejanos. El aroma a caldo de pollo y miso se mezcla con el perfume de la limonada de melocotón que se sirve en vasos altos. En una mesa cercana, un grupo de estudiantes ríe mientras comparten un plato de gyozas crujientes, el vapor elevándose como pequeñas nubes.

Nen abrió sus puertas en 2018, inspirado por la pasión de su chef por la cocina asiática y el deseo de ofrecer algo diferente en el centro histórico. El menú, accesible entre 100 y 200 $, está pensado para los que quieren probar la auténtica cocina japonesa sin romper la alcancía. El ramen de cerdo, servido con fideos al dente, huevo marinado y un chorrito de aceite de sésamo, cuesta 150 $ y se ha convertido en el plato estrella. Cada cucharada entrega un caldo rico, ligeramente dulce y con un toque de picante que despierta el paladar. Los dumplings de camarón, acompañados de una salsa de soja y jengibre, llegan a la mesa por 120 $, y su piel delicada estalla al morder, liberando un relleno jugoso que contrasta con la ligera acidez del aderezo.

Los visitantes hablan de Nen como "un rincón inesperado" y "el mejor ramen fuera de la Ciudad de México". Un cliente comenta que la "limonada de melocotón es perfecta para equilibrar el picante del orange chicken", mientras otro recuerda que "el ambiente es relajado, la música adecuada y el servicio rápido". Un tercer reseñista destaca que "los gyozas son los más crujientes que he probado, y el caldo del ramen tiene una profundidad que sorprende". Estas opiniones reflejan un lugar que combina buen sabor, ambiente y atención.

El interior de Nen tiene un ambiente acogedor; las mesas están alineadas frente a una barra donde se ve al chef preparar los fideos a mano. En el local se percibe la atención al detalle, desde la presentación de los platos hasta la selección de bebidas. La clientela es variada: parejas que celebran, turistas curiosos y locales que hacen de Nen su parada semanal.

Al cerrar la noche, el sonido del último plato de ramen se desvanece y la música se vuelve más suave. Salgo del local con el sabor a miso todavía en la boca y la sensación de haber encontrado un pequeño refugio japonés en medio de Oaxaca. La experiencia en Nen no es solo comer, es sumergirse en una cultura que, aunque distante, se siente cercana gracias a cada bocado y cada sonrisa del personal.

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