A las siete de la mañana, el sol ilumina la calle Macedonio Alcalá mientras se oyen los sonidos de la cocina de Las Quince Letras. Los clientes habituales llegan con una taza de café, y se percibe el aroma del pan recién horneado. En la barra, una pareja de locales discute animadamente mientras el chef prepara el primer pedido del día.
El plato estrella, los tacos de chapulines al mole negro, llega a la mesa con tortillas de maíz y una salsa oscura de cacao, chile pasilla y canela. Cada bocado combina la textura crujiente de los chapulines con el sabor del mole, y el picor se disuelve lentamente. El precio es de $150 MXN, una ganga para la experiencia que ofrece. Los chapulines son una explosión de sabor, una experiencia auténtica.
Los visitantes regulares vuelven por la sopa de tortilla con camarón, que cuesta $130 MXN. La sopa llega humeante, con tiras de tortilla crujiente, cubos de camarón y un chorrito de crema fresca. El caldo recuerda a las tardes en la plaza, es reconfortante y el camarón está perfectamente cocido. Otro cliente destaca el ambiente: “El murmullo de la gente y la música de marimba hacen que cada comida se sienta como una celebración”. Las paredes están adornadas con fotografías de la ciudad, y el mostrador de madera exhibe botellas de mezcal artesanal.
Al mediodía, el local se llena de estudiantes y trabajadores que buscan una pausa rápida. El menú de la tarde incluye el mole negro de guajolote, a $220 MXN, servido con arroz rojo y plátanos fritos. El guajolote está tierno y el mole cubre cada pieza. El mole de Las Quince Letras tiene una profundidad comparable a un buen mezcal, con complejidad y equilibrio. La atención es cálida; el camarero siempre pregunta si se quiere probar una degustación de mezcal, lo que convierte la comida en una experiencia sensorial completa.
Al caer la tarde, la luz ilumina el patio interior, donde las mesas de madera reciben a los últimos comensales. El sonido de las copas y el aroma del pan de elote llenan el aire. En ese momento, el bullicio del día se vuelve una melodía. Salgo del local con el sabor del mole en la lengua y la sensación de haber compartido un pedazo de Oaxaca. Las Quince Letras es un restaurante que combina tradición y creatividad, y cada visita me recuerda por qué este rincón de la ciudad es especial.






