A las ocho de la noche, el patio de Kintaro se vuelve animado con clientes disfrutando de la comida. Un grupo de locales y turistas se reúne alrededor de la barra, compartiendo una agradable velada. La actividad de la cocina abierta contribuye al ambiente animado de la noche.
Kintaro nació hace una década, fundado por una pareja que había vivido en Tokio antes de regresar a Oaxaca. El restaurante combina la precisión de la cocina japonesa con toques de la comida mexicana. El plato estrella, el ramen de mariscos, se sirve en un tazón con fideos y caldo que incluye mariscos y un huevo marinado. El dashi aporta un sabor profundo y el marisco brinda una nota fresca.
Los visitantes repiten la visita por la variedad de cócteles que el bar ofrece. Un reviewer escribe: "El martini de matcha es sorprendente, combina la amargura del gin con la dulzura terrosa del té verde". Otro comenta que el ambiente del patio es "perfecto para conversar bajo las estrellas". Un tercer cliente destaca que "el servicio es rápido y amable, siempre con una sonrisa". Estas opiniones resaltan la combinación de sabores y la hospitalidad que define a Kintaro.
El menú, accesible mediante un QR en la mesa, incluye ramen, sushi de atún, yakitori de pollo y sopa de miso con tofu. Los precios son moderados, permitiendo disfrutar de una comida de calidad sin exceder el presupuesto. La carta de vinos incluye opciones mexicanas, y el personal sugiere sake para acompañar los platillos.
Al cerrar, se escucha música de fondo mientras el patio se vuelve tranquilo. Los últimos comensales se despiden mientras el chef limpia la plancha, y el ambiente se mantiene agradable. Kintaro es un punto de encuentro donde la tradición japonesa se adapta al ritmo oaxaqueño, invitando a los clientes a regresar.






