A las diez de la noche las calles del centro de Oaxaca siguen vibrando. Los faroles de la calle Macedonio Alcalá proyectan luces amarillas sobre la calzada y el sonido de guitarras y pasos apresurados se mezcla con el clamor de los bares que aún no han cerrado. Los taxis pasan con sus luces rojas y el aroma de elotes asados flota cerca de la Plaza de la Constitución. En esa atmósfera nocturna, varios lugares siguen abiertos para los que buscan seguir comiendo después de la cena tradicional.
Casa Taviche, ubicado en Miguel Hidalgo 1111, mantiene sus puertas hasta las 22:00 de lunes a sábado y también los domingos. El local tiene una barra de madera y mesas al aire libre donde el bullicio de los viajeros y locales se mezcla con el chisporroteo de la parrilla. El menú del día incluye una tlayuda crujiente acompañada de tasajo, y una ensalada de aguacate que refresca entre bocado y bocado. Los precios rondan entre 100 y 200 pesos, lo que lo coloca como una opción accesible para los que siguen de fiesta. Los comensales suelen llegar después de los bares de la zona, formando una fila que se disuelve al cerrar la cocina, pero la energía sigue en la terraza.
A pocos pasos, Kintaro Restaurante Japonés en Ignacio Allende 316 extiende su horario hasta las 23:00 los sábados y hasta las 22:00 de lunes a viernes. El patio interior está iluminado por faroles de papel y el sonido de los cubiertos contra los platos crea un ritmo tranquilo. Entre los platos recomendados destacan el ramen de mariscos, con caldo profundo y fideos al dente, y el sushi de atún que se sirve en porciones generosas. Los cócteles de autor, como el de yuzu con un toque de mezcal, acompañan bien la comida. El precio es de nivel $$, suficiente para una cena ligera sin gastar demasiado. Los clientes describen el ambiente como relajado, ideal para una pausa después de una noche de bares.
La Mezcaloteca, situada en Reforma No. 506, cierra sus puertas a las 21:00 de lunes a viernes y a las 21:00 los sábados y domingos. Es un bar dedicado a la cata de mezcal, con una estantería que muestra botellas de diferentes regiones. Los guías explican los procesos de destilación y los sabores de cada variedad, mientras los visitantes prueban mezcal reposado y joven. El precio está en la categoría $$, y el local atrae a un público que busca profundizar en la cultura del mezcal después de cenar. La música de fondo es suave, y la conversación fluye entre los que están aprendiendo y los que ya son expertos. La cercanía de La Mezcaloteca con los bares del centro la convierte en un punto de paso para quienes siguen la noche.
Si la madrugada se extiende más allá de las 22:00 y el hambre sigue llamando, el último recurso es un puesto de tacos al pastor que nunca cierra en la esquina de la calle de la Reforma. Allí, bajo la luz de un farol, los tacos se sirven con piña fresca y salsa picante, ofreciendo una solución rápida y sabrosa para los que necesitan recargar energías antes de regresar a sus alojamientos. Esa parada nocturna cierra el círculo de la noche oaxaqueña, recordando que la ciudad nunca duerme del todo.






