A las siete de la mañana, el barrio de Xochimilco ya vibra con el canto de los vendedores y el perfume del café recién molido que escapa del Chepiche Café. Me siento en una mesa de madera bajo la sombra de un gran árbol, rodeado de clientes que charlan en tono bajo mientras el sol filtra luces doradas a través de las enredaderas. El aire huele a cilantro, a maíz y a una nota ahumada que proviene del piper auritum que perfuma los platos de la casa.
El menú se abre como un cuaderno de recetas familiares. Los chilaquiles al piper auritum llegan en un plato de cerámica blanca, cubiertos de salsa verde brillante, tiras crujientes de tortilla y un huevo estrellado que se deshace al romperlo. Cada bocado combina el picante suave del chile con la tierra del maíz, y el precio de $130 me parece justo para la explosión de sabores. A su lado, los huevos divorciados, con sus dos salsas contrastantes, se venden por $150; la yema líquida se mezcla con la salsa roja y verde, creando una paleta de colores que recuerda a la bandera oaxaqueña.
Los clientes hablan con entusiasmo. "Me encantó el aroma del piper auritum en los chilaquiles", escribe una reseña en la que el autor menciona que el plato lo transportó a su infancia. Otra opinión señala: "El jardín es el mejor refugio para el brunch, la brisa y el canto de los pájaros hacen la experiencia única". Un tercer comentario destaca: "Los panqueques de maíz azul son una delicia, la textura es ligera y el toque de miel de abeja los eleva". Estos testimonios aparecen en los comentarios que ha recibido el café, consolidando su reputación como punto de encuentro para los amantes del desayuno oaxaqueño.
Detrás del mostrador, la propietaria cuenta que el nombre Chepiche proviene de una palabra zapoteca que significa "pequeño jardín", y que el espacio fue originalmente una casa de familia que decidió abrir al público en 2015. El interior conserva paredes de adobe y una barra de madera donde se preparan los platillos al momento. El personal sirve con una sonrisa sincera, y el ritmo del servicio se adapta al flujo de la mañana: la primera ola de clientes llega entre 8 y 10, y el lugar se vuelve más tranquilo a medida que el sol asciende, permitiendo que los comensales disfruten de una conversación pausada.
Al cerrar la visita, el sol ya está alto y el jardín se llena de sombras alargadas. Salgo del Chepiche Café con el sabor del maíz azul todavía en la lengua y la sensación de haber encontrado un rincón donde la tradición y la creatividad se encuentran en cada plato. La próxima vez que pase por Genaro Vásquez 6 A, sé que volveré, quizás para probar el rol de canela que, según los comentarios, cuesta $120 y se sirve tibio, cubierto de azúcar morena y una pizca de canela que huele a fiesta. En Oaxaca, los desayunos pueden ser simples, pero en Chepiche Café son una celebración de sabores, aromas y comunidad.






