A las siete de la mañana, la calle José María Pino Suárez ya vibra con el sonido de los pasos apresurados y el chisporroteo de la máquina de espresso en Cafeto & Baristas. El olor a granos recién molidos se cuela entre los puestos de mercado y el bullicio de los vendedores, creando una atmósfera que invita a detenerse, a respirar profundo y a pedir el primer café del día. Un estudiante con mochila, una pareja de turistas y el dueño, siempre con una sonrisa, forman una escena cotidiana que se vuelve casi ceremonial.

El flat white es la estrella del menú. Servido en una taza de cerámica blanca, el café muestra una crema dorada que se funde con la leche vaporizada en una textura aterciopelada. Cada sorbo combina la acidez brillante de los granos de origen mexicano con la dulzura láctea, dejando un retrogusto a cacao que persiste. El precio, MX$45, lo coloca dentro del rango accesible para cualquier local. Un cliente escribe en su reseña: "La extracción es perfecta, el sabor es profundo y limpio". Otro comenta: "El flat white me recordó al café de mi abuelo, pero con una claridad que nunca había probado". Un tercer visitante añade: "El aroma al entrar es tan intenso que ya sabes que vas a volver".
Más allá del café, el menú incluye un sándwich de baguette con aguacate y queso Oaxaca por MX$70 y brownies caseros que se derriten al tacto, descritos como "cómodamente crujientes por fuera y fundidos por dentro". La barra de extracción muestra una variedad de métodos: chemex, aeropress y una máquina de cold brew que mantiene el café fresco durante todo el día. Los clientes habituales se quedan hasta la hora del almuerzo, disfrutando de la música suave de jazz que se filtra desde los altavoces mientras revisan sus laptops. La reseña de una bloguera local dice: "El ambiente es ideal para trabajar, la Wi‑Fi es estable y el personal siempre está dispuesto a recomendar una nueva preparación".
Cafeto & Baristas nació en 2015, fundado por dos hermanos baristas que estudiaron en la Ciudad de México antes de regresar a Oaxaca con la idea de crear un espacio donde la cultura del café artesanal pudiera florecer. El interior combina mesas de madera reciclada con paredes pintadas en tonos tierra, y una vitrina muestra los granos en sacos de yute. La comunidad se ha convertido en una extensión de la familia del local; los clientes conocen los nombres de los baristas y los saludan por su nombre. En la tarde, cuando el sol se cuela por la ventana, la luz dorada realza los colores del café y los postres, cerrando el día con la misma calidez con la que empezó.
Al cerrar las puertas a las seis de la tarde, el aroma persiste en la calle y la gente sigue hablando de la última taza que probaron. Regresar a Cafeto & Baristas ya no es solo buscar un buen café, es volver a un punto de encuentro donde cada detalle, desde la extracción del espresso hasta la sonrisa del personal, se siente como una conversación familiar. La próxima vez que pases por la Ruta Independencia, detente, pide el flat white y déjate envolver por esa sensación de pertenencia que solo un buen café puede ofrecer.






