A las ocho de la noche, la calle Colima vibra con el sonido de conversaciones y el crujido de la puerta de Santo Hand Roll Bar. El local, pequeño pero bien iluminado, huele a arroz recién cocido y a salsa de soja. En la barra, un grupo de jóvenes revisa sus teléfonos mientras espera su orden; el chef, sin accesorios visibles, corta finas láminas de hamachi sobre una tabla de madera.
Yo llego justo cuando el primer pedido de hand rolls sale del mostrador. El "Hamachi Chocolate" llega en una bandeja sencilla: el pescado está cubierto con una capa ligera de chocolate negro que se derrite al contacto con el calor de la salsa picante. El primer bocado combina la suavidad del pescado con la dulzura amarga del chocolate y el picor del jalapeño, creando una explosión de sabores que deja la boca vibrante. Un cliente a mi izquierda comenta, "El chocolate en el nigiri es una locura, pero funciona como nada más", y la camarera asiente mientras anota otro pedido.
El menú, disponible en su sitio web, no tiene precios fijos; cada roll se ajusta según la temporada del pescado. Sin embargo, el "Spicy Tuna Roll" ronda los 180 pesos, y el "Rock Shrimp Maki" cuesta unos 210. Los visitantes habituales vuelven por la calidad del "Omakase" nocturno, una selección de nigiris y makis que el chef elabora al momento. Un reviewer escribe, "Cada pieza es una obra, el hamachi choco me sorprendió y el crujido del camarón me hizo volver", mientras otro menciona, "El ambiente es relajado, pero la atención es rápida, ideal para la cena después del trabajo".
Detrás del mostrador, la historia del bar se entrelaza con la de la zona. Fundado por dos amigos que viajaron a Tokio y aprendieron el arte de los hand rolls, el local abrió sus puertas en 2019 y rápidamente ganó una reputación destacada en la ciudad. Los clientes aprecian la constancia: "Siempre recibo el mismo nivel de frescura, el arroz está perfecto y la salsa ponzu es la mejor que he probado". La música de fondo, una mezcla de jazz suave y beats electrónicos, acompaña la conversación sin sobrecargar el espacio.
Al cerrar, alrededor de la 1 am, el chef limpia la barra y el último cliente se despide con una sonrisa y una frase que quedó resonando: "Volveré por el hamachi choco, es mi debilidad". Salgo a la calle y el aire fresco de la Roma me envuelve, mientras recuerdo el sabor a mar y chocolate que todavía persiste en mi paladar. Santo Hand Roll Bar no es solo un lugar para comer sushi; es una experiencia que combina tradición japonesa con la creatividad de la escena gastronómica de la Ciudad de México.
Si buscas una noche donde el sushi se reinventa y la conversación fluye sin prisas, este bar en Colima 161 es el punto de partida perfecto. Cada roll cuenta una historia, y la tuya puede comenzar aquí, bajo la luz tenue y el sonido de los cuchillos del chef.






