A las siete de la mañana, la calle La Encomienda ya vibra con el sonido de los vasos de jugo de naranja y el aroma a café de olla que se escapa de la puerta de Mima Chilaquiles. La fila se extiende lentamente, pero la conversación es ligera, los clientes intercambian risas mientras esperan su plato. El mostrador de madera muestra una tabla de salsas, y el rojo intenso de la salsa morita ya tiñe los platos que salen del mostrador.
Mima Chilaquiles nació hace una década cuando la familia Hernández decidió transformar su pasión por la cocina tradicional en un pequeño restaurante. Hoy, el menú se centra en los chilaquiles, pero cada versión lleva un giro: la clásica roja con tiras de chicharrón crujiente, la verde con queso fresco y una opción de mole negro para los más aventureros. Un comensal escribe: “Los chilaquiles son ricos, el sabor de la salsa morita es profundo y el chicharrón le da el toque perfecto”. Otro cliente destaca: “Los precios son accesibles, me gusta desayunar aquí antes de ir al trabajo”. Un tercer reseñador comenta: “El jugo recién licuado y el café de olla hacen que el desayuno sea completo”. Los precios oscilan entre MXN 80 y MXN 95, lo que sitúa al plato dentro del rango 1‑100 MXN que maneja el local.
El interior es sencillo, con mesas de hierro y paredes decoradas con fotografías vintage de la ciudad. La luz natural que entra por la ventana del frente ilumina los platos, y el sonido de la licuadora se mezcla con la música de cumbia ligera que suena de fondo. En la barra, el chef prepara la salsa morita al fuego lento, dejando que el aroma de los chiles secos y el ajo se mezcle con el humo del comal. Los clientes habituales vienen por la consistencia: “Siempre vuelvo porque el sabor no cambia, siempre está rico y fresco”. La rapidez del servicio, de 9 a.m. a 3 p.m., permite que la gente tome su desayuno antes de la jornada laboral.
Al mediodía, el local se vuelve un punto de encuentro para los trabajadores de la zona. Los pedidos se multiplican y el ritmo se acelera, pero la atención sigue siendo cuidadosa. Un cliente que llega a la 1 p.m. comenta: “El ambiente es relajado, los jugos son perfectos para acompañar los chilaquiles”. La carta también incluye licuados de frutas tropicales, que según los comentarios, son “frescos y con mucho sabor”. La combinación de platos abundantes y precios justos mantiene a Mima Chilaquiles como una opción favorita para desayunar y almorzar ligero.
Al cerrar la puerta a las tres de la tarde, el eco de los últimos clientes se desvanece y el aroma a café persiste en el aire. La experiencia se queda en la memoria como un recuerdo de la mañana en Escobedo, donde los chilaquiles con salsa morita y chicharrón son más que un plato: son una tradición que se renueva cada día. Volveré a pasar por la Av. Benito Juárez, con la certeza de que allí siempre habrá un buen desayuno esperándome.






