A las 3 de la tarde, el sonido de los batidores de leche se mezcla con la música de reggaetón que sale del altavoz del local. Los niños corretean alrededor del pequeño parque de juegos mientras sus padres esperan en la fila para probar la famosa Banderilla de chicharrón. El aire huele a salsa de tamarindo y a la dulzura del chocolate que se derrama en los batidos. En la barra, la camarera entrega una taza de Smoothie de fresa con una pajilla, y el cliente al lado comenta: "Este batido me recuerda a los veranos de mi infancia, está perfecto".
Ke Gordito abrió sus puertas en 2018 y desde entonces se ha convertido en un punto de referencia para los amantes de la comida rápida que no quieren renunciar al sabor. El menú, que abarca desde ramen hasta hot dogs con chamoy, se mantiene dentro de un rango accesible de MX$1 a MX$100, lo que permite que cualquier bolsillo pueda disfrutar. El ramen de cerdo, servido a MX$85, llega en un tazón humeante; la pasta se adhiere a la carne tierna y el caldo, ligeramente picante, deja una sensación cálida que recorre la garganta. El ramen es un abrazo en un tazón, la primera cucharada ya me conquistó.
El plato estrella, sin duda, es la Banderilla de chicharrón, una brocheta crujiente que combina chicharrón de cerdo, pepino encurtido y una gota de salsa de chile de árbol. Cada bocado ofrece una explosión de salado, ácido y picante que se equilibra con la frescura del pepino. El precio de MX$70 la hace una opción ideal para compartir. Vine con mis amigos y pedimos tres banderillas, fueron la razón por la que volvimos la próxima semana.
El local no solo se destaca por su comida; el ambiente familiar y el personal amable crean una experiencia que invita a quedarse. Las paredes están decoradas con murales de colores que representan la vida en la zona de Pedregal, y el área de juegos permite que los niños se diviertan mientras los adultos disfrutan de su comida. El personal es súper amable, siempre te saludan con una sonrisa y te recomiendan el batido del día. La combinación de sabores, precios justos y un espacio que acoge a todos hace que Ke Gordito sea más que una simple cadena de comida rápida; es un punto de encuentro donde se comparten historias y se crean recuerdos.
Al cerrar la visita, el sol comienza a ponerse y la luz dorada ilumina la fachada de Ke Gordito. El aroma de los churros recién hechos se mezcla con la brisa de la tarde, y los últimos clientes se despiden con la promesa de volver. Salir del local con una banderilla en la mano y el sabor del ramen todavía presente en la boca confirma que este lugar ha dejado una huella. La próxima vez que pases por Acanceh 573, detente, pide el ramen o la banderilla y descubre por qué Ke Gordito se ha ganado su lugar en la lista de los favoritos de la ciudad.






