A las siete de la mañana, la calle de Álvaro Obregón vibra con el sonido de bicicletas y el aroma a café recién molido que se escapa de La Pitahaya Vegana. Dentro, una fila de clientes con mochilas y laptops espera pacientemente mientras el barista vierte leche de almendra en una taza de cerámica. La luz natural se cuela por las ventanas grandes, iluminando los colores vivos de los tacos de nopales y el mostrador de jugos verdes. En ese momento, el lugar parece un refugio urbano donde el bullicio exterior se vuelve un susurro.
El menú, limitado pero cuidadoso, gira en torno a ingredientes locales. El burrito de jackfruit, servido con salsa de aguacate a MXN 85, destaca por su textura tierna que recuerda a la carne deshebrada, mientras que la ensalada de quinoa y pepino, a MXN 70, ofrece un crujido refrescante. Un cliente escribe en su reseña: "El sabor del jackfruit me engañó, pensé que era carne, pero es mucho mejor". Otro comenta: "Los jugos son como un golpe de energía, el de betabel me dejó con la sonrisa puesta todo el día". La tercera reseña menciona: "El ambiente relajado y el personal amable hacen que vuelva cada vez que paso por la zona".
La historia del local comienza en 2018, cuando los fundadores, dos chefs apasionados por la cocina sostenible, decidieron abrir un espacio que demostrara que la comida vegana puede ser accesible y deliciosa. Con un rango de precios entre MXN 1 y 100, la propuesta se alinea con la idea de ofrecer opciones económicas sin sacrificar calidad. La decoración minimalista, con plantas colgantes y mesas de madera reciclada, refuerza la filosofía ecológica del negocio. Cada detalle, desde los cubiertos de bambú hasta las servilletas de algodón orgánico, habla de un compromiso con el planeta.
Durante la hora del almuerzo, la terraza se llena de estudiantes y profesionales que buscan una pausa saludable. Las conversaciones se entrelazan con el sonido de la licuadora y el chisporroteo de la plancha. La popularidad del plato "taco de tempeh" a MXN 65 se refleja en la rapidez con la que el personal lo prepara, y los clientes suelen compartir fotos en redes sociales, resaltando la presentación colorida del taco sobre una hoja de lechuga. La rapidez del servicio y la consistencia del sabor hacen que la clientela regrese, creando una comunidad de seguidores leales.
Al caer la tarde, el local se vuelve más tranquilo, pero la energía persiste. Los últimos clientes se despiden con una taza de té de hibisco a MXN 45, mientras la música suave de jazz llena el espacio. Al salir, el olor a hierbas frescas y la visión del personal saludando con una sonrisa dejan una impresión duradera. La Pitahaya Vegana no es solo un restaurante; es un punto de referencia donde la comida consciente se encuentra con la vida cotidiana de la CDMX.






