A las ocho de la mañana, la fila se extiende frente a la fachada de Doña Vero, y el aire se llena de elote asado y tierra húmeda. Los vecinos de la Roma Sur llegan con sus bicicletas, el sonido de la campana se mezcla con el crujido de los chapulines recién fritos. Dentro, la barra de pulque vibra con la conversación de los clientes que esperan su primer bocado del día.
La tlayuda de chapulines y queso oaxaqueño es la estrella del menú; una tortilla gigante crujiente se cubre con una capa de frijol negro, se adereza con salsa de chile de árbol y se corona con chapulines dorados que chispean al morder. El plato se sirve en un plato de barro, y el primer mordisco revela la combinación de tierra, fuego y mar. El precio está dentro del rango del local, entre $100 y $200, lo que lo hace accesible para una visita casual o para una reunión de amigos.
Más allá de la tlayuda, el menú incluye pulque artesanal, tlayudas con carne de jabalí y una crema de chapulines que sorprende a los comensales más escépticos. Un cliente comentó que el pulque tiene un toque ligeramente ahumado que complementa la intensidad del chile en nogada. Otro visitante señaló que las papas fritas con chicharrón son el acompañamiento perfecto para la cerveza artesanal que se sirve en la barra. El personal brinda una atención amable y el ambiente combina tradición con un toque moderno.
Doña Vero nació hace una década cuando Vero, la fundadora, decidió trasladar los sabores de su Oaxaca natal a la gran ciudad. Con una cocina abierta que permite ver la preparación de los platos, el local conserva la esencia de una cocina de familia, pero con la energía de la Roma Sur. Cada mesa está hecha de madera reciclada y las paredes están decoradas, creando un espacio que invita a quedarse después del almuerzo.
Al caer la tarde, el olor a pulque fermentado se vuelve más intenso. La fila vuelve a formarse, pero ahora es la gente que regresa por la crema de chapulines, convencida de que la experiencia vale la espera. Salir de Doña Vero con el sabor de la tlayuda todavía en la boca es como llevarse un pedazo de la tradición oaxaqueña a casa, y la promesa de volver está escrita en cada sonrisa del staff.






