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Doña Vero: el rincón donde el churro y la tlayuda se encuentran en la Roma Sur

Una mañana en la Roma Sur, el aroma a azúcar y maíz recién frito guía a los transeúntes hacia Doña Vero, donde el churro de cajeta y la tlayuda con chapulines se convierten en rituales cotidianos.

A las 8 am, la calle de Eje Vial 2 Poniente vibra con el sonido de los vasos de café chocando y el crujido de la masa al freírse. Un grupo de estudiantes de la UNAM se agolpa en la barra mientras el vaporizador de la máquina de churros escupe hilos dorados. El perfume a azúcar quemada y a maíz tostado se mezcla con el perfume del pulque que se sirve en vasos. La escena parece sacada de una película de los años 70, pero el bullicio es contemporáneo, lleno de risas y de la promesa de un desayuno que alimenta el cuerpo y el alma.

Doña Vero abrió sus puertas en 2015 en la esquina de la Roma Sur, bajo el nombre de una abuela que, según cuenta el propietario, cocinaba para toda la cuadra. El local, de fachada modesta con una marquesina, mantiene los horarios de 9:30 am a 11 pm todos los días, extendiendo hasta la madrugada los viernes. La carta, accesible en donavero.mx, combina clásicos oaxaqueños con toques de la cocina callejera de la CDMX. El precio medio de los platillos oscila entre $100 y $200, lo que permite que tanto estudiantes como profesionales puedan permitírselo.

El plato estrella, la tlayuda de chapulines, llega a la mesa sobre una tortilla de maíz del tamaño de una pizza, cubierta con frijoles refritos, queso Oaxaca fundido y una lluvia de chapulines crujientes que aportan un sabor terroso y un toque de picor. Cada bocado combina la suavidad del queso con el crujido de los insectos, y el acompañamiento de salsa de tomatillo le da un frescor inesperado. A su lado, el churro de cajeta, servido en una bandeja, se baña en una salsa espesa de leche de cabra caramelizada; el contraste entre la masa crujiente y la dulzura de la cajeta es una experiencia sensorial que los clientes describen como "una explosión de sabor que te hace cerrar los ojos". El costo de la tlayuda ronda los $150 y el churro $80, dentro del rango de precios del local.

Los comentarios de los comensales confirman la magia del lugar. Una clienta escribió: "Los churros de Doña Vero son los mejores de la ciudad, la cajeta está perfectamente caramelizada". Otro visitante comentó: "La tlayuda con chapulines me recordó a mi infancia en Oaxaca, pero con un giro urbano que me encantó". Un tercer reseñista añadió: "El ambiente es relajado, el personal amable, y siempre hay una canción de rock clásico de fondo que hace la espera más amena". Estas voces colectivas pintan un retrato de un sitio que no solo sirve comida, sino que crea recuerdos.

Al cerrar la tarde, el sol se cuela entre los árboles de la avenida y las luces del local parpadean. Los últimos clientes terminan sus churros mientras el aroma persiste en el aire, y el sonido de la máquina se vuelve más suave. En ese momento, Doña Vero se siente como un punto de encuentro donde el pasado y el presente se funden en cada mordida, y donde cualquier persona que cruce la calle puede detenerse, probar, y salir con la certeza de haber descubierto algo auténtico.

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Doña Vero

star4.5

Establecimiento agradable, con decoración colorida y terraza cubierta, en el que se ofrece comida tradicional.

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