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A woman in sunglasses enjoys a scoop of ice cream in the outdoor seating area. Captured on a sunny day.Destacado

Descubre Adoro Gelatería: helados italianos que enamoran en la Roma Sur

En la calle Bajío, el aroma a crema fresca y pistacho te guía hacia Adoro Gelatería, donde cada cucharada se siente como un viaje a Italia.

A las ocho de la tarde, la calle Bajío vibra con el sonido de conversaciones y el tintineo de cucharas contra vasos. La fila se estira lentamente, pero nadie parece apurado; el aire huele a leche recién batida y a pistacho tostado, una promesa que se cumple al cruzar la puerta de Adoro Gelatería. Dentro, la luz natural se cuela por las ventanas y el mostrador de vidrio refleja la atmósfera del lugar. El murmullo del personal preparando cada porción crea una atmósfera íntima, perfecta para detener el reloj y saborear el momento.

El helado de pistacho es la estrella del menú. Servido en un vaso de vidrio, el pistacho cruje bajo la cuchara, liberando una crema densa que se funde en la lengua con una dulzura equilibrada y una ligera nota salina. La textura es tan suave que parece casi líquida, pero mantiene cuerpo, y el topping de trozos de pistacho real añade contraste. Un cliente escribió: "El pistacho de Adoro es una explosión de sabor, la textura es perfecta y me recuerda a los postres de mi infancia". Otro reseñó: "Probé el affogato y la combinación de espresso caliente con helado frío es simplemente divina". Una tercera voz comentó: "El caramelo salado me dejó sin palabras, cada cucharada es un placer".

Detrás del mostrador, la historia de la heladería se remonta a un viaje a Florencia, donde el fundador descubrió la tradición del gelato artesanal y decidió traerla a la Roma Sur. La receta se basa en leche fresca y huevos de corral, sin estabilizadores artificiales, lo que explica la pureza del sabor que perciben los comensales. La carta, disponible en línea, incluye clásicos como stracciatella y marscapone, pero también innovaciones como coco con hojas de menta. Los precios rondan los 80 pesos por bola, una inversión que los locales consideran justa por la calidad.

Los visitantes habituales hablan de la constancia: "Siempre vuelvo por el pistacho, nunca decepciona". En los fines de semana, el local se llena de familias y jóvenes que comparten risas alrededor de mesas de madera. La barra de helados permite ver los colores vibrantes mientras el personal sirve con precisión. A las diez de la noche, la música suave y el aroma a vainilla siguen presentes, y la fila se reduce a unos pocos curiosos que aún buscan su último bocado.

Al salir, el frío del helado contrasta con la brisa nocturna de la Roma Sur. La fachada invita a regresar, y la experiencia se queda en la memoria como un recuerdo dulce y cremoso. Si alguna vez caminas por Bajío y sientes ese perfume a pistacho, sabrás que acabas de encontrar uno de los mejores rincones de helado en la Ciudad de México.

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