A las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, la calle Cerro de La Bufa está activa. En So Simple se sirve café y chilaquiles en la barra. Se observan estudiantes, una pareja mayor y un perro bajo la mesa, creando una escena cotidiana.
El interior combina madera y plantas, con luz natural que entra por la ventana. El mostrador tiene tazas de cerámica, y la barista prepara el espresso. El local abrió en 2018 y mantiene un horario de ocho y media a tres de la tarde, de lunes a domingo.
El plato estrella, los chilaquiles verdes con pollo deshebrado, llega a la mesa. La salsa combina chipotle y cilantro, y los totopos permanecen crujientes. Sobre los totopos hay pollo, un huevo estrellado y queso fresco. Cada bocado tiene sabores familiares y una presentación que refleja el precio del menú.
Los clientes vuelven por más que el plato principal. Los huevos benedict con salsa de chipotle son una sorpresa deliciosa. El french roll con mantequilla de ajo es el acompañamiento perfecto para un latte. La atmósfera es adecuada para trabajar, con wifi rápido y café con cuerpo. So Simple se mantiene como un punto de referencia por su buena comida, café de calidad y un ambiente que invita a quedarse.
Al cerrar la puerta a las tres de la tarde, se despiden los últimos pedidos. Salgo del local con una taza de café. La mañana vuelve a la calle, y So Simple queda en la memoria.






