A las ocho de la noche el local vibra con el sonido de vasos chocando y el crujido de la parrilla. En la barra, un grupo de amigos de la universidad discute el partido mientras el humo de las costillas se mezcla con la fragancia del chipotle. El camarero, con una sonrisa amplia, sirve una jarra de cerveza artesanal y una tabla de tacos que huele a maíz recién asado.
El espacio está situado en el Blvd. José María Chávez, justo dentro del centro comercial Villa Asunción. La entrada está marcada por un letrero que anuncia la especialidad del lugar: costillas de cerdo al chipotle. El menú, accesible en línea, lista las costillas a $210, acompañadas de papas rústicas y una salsa de habanero que corta la grasa con un toque dulce. Un cliente escribió en una reseña: "Las costillas son jugosas, la carne se desprende con solo tocarla, y el sabor a chipotle me recordó a las fiestas de mi infancia".
Más allá de las costillas, la sopa de tortilla a $85 se ha ganado el cariño de los habituales. Una reseña reciente comenta: "La sopa llega humeante, con tiras de tortilla crujiente, aguacate cremoso y un chorrito de crema que la hace reconfortante en cualquier época del día". Otro visitante destaca las empanadas de carne a $70: "Masa ligera, relleno bien sazonado, y la primera mordida es una explosión de sabor que te deja queriendo más". La combinación de platos tradicionales y un ambiente de bar‑grill crea una experiencia que se siente tanto local como festiva.
El personal conoce a los clientes por nombre. Un cliente fiel, que viene todos los viernes, asegura: "El camarero siempre me pregunta si quiero la salsa extra y la cerveza bien fría, eso hace que vuelva”. La atención rápida y la música de rock clásico que suena de fondo completan la atmósfera. El horario extendido, de 1:30 pm a medianoche la mayor parte de la semana, permite que tanto la gente de la oficina como los noctámbulos encuentren su momento para disfrutar.
Al cerrar la noche, el bullicio disminuye y el aroma a madera quemada se vuelve más intenso. Los últimos clientes se despiden con una última ronda de margaritas y la promesa de volver. En ese instante se percibe la esencia de Las Costillas de Sancho: un lugar donde la comida robusta, la camaradería y el sonido de las copas crean recuerdos que perduran más allá del último sorbo.






