En una calle tranquila de Tuxtla, Casa del Árbol sirve pizzas que combinan tradición y sabor, perfecta para una cena familiar o una cita íntima.
A las siete de la tarde se percibe el ambiente en la puerta de Las Cruces 124. La fila de clientes se mezcla con el murmullo de conversaciones en español. En la mesa de al lado, una pareja revisa el menú mientras una familia con niños ríe alrededor de una pizza grande. Casa del Árbol abre sus puertas de viernes a domingo de 5 a 11 pm, y de martes a jueves con el mismo horario. El local está ubicado en el barrio de Francisco I. Madero se destaca por su fácil acceso. Con un rango de precios entre $100 y $200, la pizzería atrae a quienes buscan una buena comida sin extravagancia. Los clientes destacan la “tranquilidad” del lugar y lo describen como “ideal para familias”. La pizza de la casa, la que lleva el nombre del restaurante, cuesta $150. La masa es delgada y crujiente, con bordes ligeramente inflados que recuerdan al pan artesanal. Sobre la base se extiende una salsa de tomate ligeramente ahumada, mozzarella fundida que se estira al cortar, y una capa de pepperoni que chisporrotea al salir del horno. Un comensal escribió: “La pizza de la casa es ‘ideal para familias’, todos los niños la devoran sin quejas”. Cada bocado combina la acidez del tomate con la grasa jugosa del pepperoni, creando un equilibrio que invita a seguir comiendo. Para los que prefieren algo más exótico, la pizza hawaiana está disponible por $180. El contraste entre el jamón dulce y los trozos de piña fresca genera una explosión de sabores tropicales que muchos describen como “tranquilidad en cada mordida”. Otro cliente comentó que el ambiente es “ideal para parejas” y que compartir una pizza hawaiana hace que la noche sea especial. La carta también incluye una copa de clericot, perfecta para acompañar cualquier porción. Al final de la noche, cuando el último cliente se despide y el personal apaga las luces, queda una sensación agradable en el ambiente. La escena inicial se repite en la mente: la familia feliz, la pareja sonriendo, la pizza tibia en el plato. Casa del Árbol no es solo una pizzería; es un punto de encuentro donde la comida, la gente y el entorno crean una experiencia que invita a volver.
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